El blog de Gustavo Mata

Estrategia: Las reglas del juego en los negocios

LA FAMILIA FERNÁNDEZ BALBUENA Y ARDONCINO

Mi familia ha estado ligada a Ardoncino durante más de ciento cincuenta años. Describo a continuación con detalle, que seguro a muchos les parecerá excesivo, a las personas de la familia que recuerdo relacionadas con Ardoncino, sólo con el ánimo de dejar constancia, y por el deseo explícito de las personas de allí, que tan amablemente nos acogieron el Domingo 22 de Agosto pasado.

D. GABRIEL BALBUENA FERRERAS

El primero, de mis familiares, según mis datos, en relacionarse con Ardoncino fue D. Gabriel Balbuena Ferreras (1796-1880), quien adquirió varias fincas en el lugar y una casa del siglo XVII: “La casa de abajo”. D. Gabriel, Notario, Escribano de Rentas en León, fue Congresista por elección popular en casi todas las legislaturas del reinado de Isabel II -1837, 1840, 1843, 1844, 1846, 1853, 1857 y en las Cortes Constituyentes de 1868 que tras la llamada Gloriosa  Revolución aprobaron la Constitución de 1869- y fue Senador por León -también por elección popular, tras la Restauración de la Monarquía, en las Cortes Constituyentes Bicamerales que elaboraron la Constitución de 1876-.

D. Gabriel casó en primeras nupcias con Regina López de Arintero, descendiente de la estirpe de la famosa Dama de Arintero -heroína en la Guerra entre Isabel de Castilla y Juana la Beltraneja, en la que participó haciéndose pasar por hombre, al no tener sus padres ningún hijo varón, distinguiéndose singularmente por su valor-. Reza una leyenda en un escudo (cito de memoria):

«Si queréis saber quién es

ese valiente guerrero,

quitadle la celada  y ved

a la Dama de Arintero»

Hay un retrato de la Dama en el Museo de la Guerra.

Tuvieron D. Gabriel y Dña. Regina varios hijos: Melquiades, Séptimo Julio, Raimunda Juvenal, Indalecia, Concepción, Cayo, Francisca, Emigdia Gregoria, y Licinia. D. Gabriel enviudó y casó de nuevo con Dña. Francisca Quijada Gómez de Quiñones, Marquesa de Inicio y Condesa de Rebolledo, de la que enviudó sin tener más descendencia.

D. Gabriel fue todo un personaje de su época, otro día escribiré sobre él con más detalle. Campeón del moderantismo liberal en León, junto con el Marqués de Montevirgen y el Marqués de San Isidro, funda en 1860, con otros moderados y unionistas, el periódico “El eco de León”, que se mantiene durante ocho años y llega a tirar la friolera de 800 ejemplares diarios; ciertamente muchos para la época.

D. Gabriel está enterrado en el cementerio de Ardoncino.

D. CAYO BALBUENA LÓPEZ DE ARINTERO

D. Cayo Balbuena López de Arintero (1825-1909), hijo de D. Gabriel, es mi tatarabuelo por partida doble como explicaré después; fue Acalde de León, antes Concejal, y Teniente Alcalde, y también Senador electo por León, aunque no llegó a tomar posesión del cargo.

D. Cayo casó con Dña. Asunción Iriarte de los Cuetos, hija del que fue Teniente General Iriarte, héroe de la Guerra de la Independencia y de la Primera Guerra Carlista, condecorado, entre otras, con la más alta distinción al valor en tiempo de guerra: la Cruz Laureada de San Fernando, y proclamado en tres ocasiones benemérito de la patria por el Congreso por hechos de guerra; D. Fermín también fue Senador por elección popular, por Santander, en la legislatura de 1844.

La esposa de D. Fermín Iriarte fue Dña. Josefa de los Cuetos Riaño, de noble familia santanderina, descendiente directa del Infante D. Juan Manuel, gloria de nuestras primeras letras en castellano, nieto del Rey Fernando III el Santo, que fue un personaje más que notorio en su época. A través de esta señora, toda nuestra familia desciende pues directamente de los reyes de Castilla: Fernando III, Alfonso VII, Sancho II, Alfonso VI, Urraca I y Fernando I, el primer rey de Castilla; también la familia desciende directamente de los reyes de León: Alfonso V, Bermudo II, Ordoño III, Ramiro II y Ordoño II; y de los de Asturias:  Alfonso III, Ordoño I, Ramiro I y Bermudo I.

D. Cayo merece otro artículo, su esposa y familia, como veis merece  una enciclopedia entera, y de D. Fermín Iriarte ya he escrito antes en detalle.

D. Cayo y Dña. Asunción tuvieron varios hijos: Socorro (casada con D. Gustavo Fernández Rodríguez), Regina, Roberto (Bachiller en Artes, Médico, Oficial del Ejército, héroe de la Guerra Carlista declarado benemérito de la patria por méritos de guerra, destinado finalmente en León y gran aficionado a la caza, afición que practicaba en Ardoncino), Carmen (Condesa de Villahermosa del Pinar por su matrimonio con D. Gabriel Moyano, VII Conde de Villahermosa del Pinar), Consuelo (casada con D. Casimiro de Merás), Fermín (Bachiller en filosofía, Licenciado en Derecho y Oficial de Caballería, casado con Dña. Argentina López, quien falleció en acto de servicio al caerse con su caballo “Azufrero” y ser aplastado por él, que no tuvo descendencia), Antonino (fallecido a temprana edad), Guillermo (fallecido a temprana edad), Amparo (casada con D. Miguel Muñiz), Isaac (Médico Cirujano, casado con Dña. Francisca Alonso) e Indalecia (casada con un hermano de Dña. Francisca, la esposa de D. Isaac, D. José Alonso). Todos los hijos de D. Cayo estuvieron en Ardoncino, especialmente durante los veranos; pero especialmente ligados al lugar, además del referido D. Roberto, estuvieron Dña. Socorro, Dña. Indalecia y, más que ningún otro, D. Isaac.

DÑA. SOCORRO BALBUENA IRIARTE

Dña. Socorro Balbuena Irirate, como os decía, casó con D. Gustavo Fernández Rodríguez Bastos y Harizmendi,  General de Ingenieros de la Armada, quien nació en Ribadavia el 24 de Agosto de 1841. Empezó a estudiar Ingeniería Superior de Minas, que abandonó para ingresar por oposición en la de Ingenieros de la Armada en 1866 con el grado de alférez de fragata. De 1868 a 1902, cuando ascendió a general de brigada, estuvo destinado en El Ferrol y Cartagena; fue profesor de Construcción Naval y Máquinas de Vapor de la Escuela Naval Flotante, así como jefe de estudios de la Escuela de Maestranza. En el Ministerio de Marina estuvo destinado en la sección segunda del Consejo Superior y en la secretaría del Centro Consultivo. Le fueron confiadas  varias comisiones técnicas en España, Francia, Italia e Inglaterra. Siendo general de Brigada, desempeñó el cargo de Subinspector de Construcciones Navales(1906). Es el autor de: “Curso de máquinas marinas de vapor”, con cuatro ediciones y un informe favorable de la Real Academia de Ciencias; “Lecciones de construcción naval”; “Teoría y descripción del servomotor Tallerie, descripción de un aparato apropiado para facilitar el arrastre de buques», trabajo cuyos méritos pondera Eduardo Saavedra en un informe dirigido al Ministerio de Marina. Publica también en la Revista General de Marina, artículos: “Algunas observaciones acerca del combate naval de Tsushima” y “Alrededor del buque de combate” (1905) que fueron reproducidos en la Revista Marítima Italiana. Numerario de la Real Academia de Ciencias en 1906, en 1907  toma posesión y diserta  sobre “El buque de combate”. Falleció en Madrid el 20 de Enero de 1929. Estaba en posesión de varias condecoraciones: Cruces al Mérito Militar, al Mérito Naval y Cruz y Placa de San Hermenegildo entre otras.

D. Gustavo y Dña. Socorro son dos de mis bisabuelos maternos, los padres de mi abuelo Gustavo. Tuvieron varios hijos: Concepción (fallecida a temprana edad), Carmen (Superiora de las Hermanas de la Caridad, Gran Cruz de Beneficiencia, Asunción, Consuelo (casada con el arquitecto D. Lorenzo Gallego), Félix (notable oftalmólogo), José, Manuel (Ingeniero de Minas, Director de Minas de Río Tinto y Director General de Cristalera Española casado con Dña. Emilia Fernau), Gustavo (Arquitecto, número uno de su promoción, casado con su prima Dña. Asunción Balbuena), Roberto (Arquitecto de la misma promoción que su hermano Gustavo, número dos de la promoción y notable pintor casado con Dña. Elvira Gascón), Silvio (casado con Dña. Carmen Martínez) y Socorro.

D. ISAAC BALBUENA IRIARTE

D. Isaac Balbuena Iriarte, hijo también de D. Cayo, hermano por tanto de Dña. Socorro, nació en León, el 8 de Marzo de 1869; con 22 años se licencia en Medicina y Cirugía en Santiago de Compostela; en 1898 es nombrado Médico Provisional de Sanidad Militar en el 2º batallón del Regimiento Burgos nº 36 de guarnición en León. Solicita un año después la licencia y ejerce como Médico en León. Obtiene en propiedad la plaza de Médico de Ardoncino, en donde además de atender y no cobrar a sus pacientes, se dedica a la caza, su afición favorita.

D. Isaac casó como decíamos con Dña. Francisca Alonso Pereira -son mis otros dos bisabuelos maternos- y tuvieron tres hijos: Asunción (mi abuela, casada como dijimos ya con su primo carnal D. Gustavo Fernández Balbuena, mi abuelo), Fernando (fallecido a los siete meses) y Cayo (fallecido a los siete años). Podéis comprobar que, al fallecer Cayito, D. Isaac fue el último en llevar en primer lugar el apellido Balbuena. Imaginaos con qué satisfacción acogió que su ya única hija Asunción y su sobrino Gustavo se casaran. Era una forma de perpetuar el apellido. Mis abuelos decidieron unirlos desde entonces; Fernández-Balbuena.

D. Isaac y Dña. Francisca no es que pasaran largas temporadas en Ardoncino, más bien simultaneaban dos residencias: una en la calle Ordoño II en León  -el famoso chalet “Villa Asunción” que estaba al lado del cine Azul, – y la otra en “La casa de abajo” en Ardoncino. El chalet de León estaba en Ordoño II, 17, lindando con el pasaje y la llamada calle Burgo Nuevo, que se llamó antes Capitanes Ripoll y antes travesía de D. Cayo. D. Cayo, el padre de D. Isaac, que era conocido popularmente en León como D. Cayo “el de la levita”, era el propietario de la finca que desde Ordoño II llegaba hasta el río, lo que fue luego el Ensanche, y donde se ubicaba el citado chalet.

D. Isaac, lo mismo que su padre y su abuelo, también se dedicó a la política; se presentó a las elecciones de 1906 por La Vecilla, en la candidatura liberal, y en las de 1916 consigue ser Congresista por León, de nuevo por el distrito de La Vecilla, en las Cortes Generales.

D. Isaac falleció en Ardoncino en 1935. Está enterrado allí. Pero la memoria de D. Isaac está tan viva en Ardoncino que parece que va a aparecer por allí en cualquier momento montado en su caballo blanco, con su barba y su bigote y su característico sombrero. Todos allí lo recuerdan con un inmenso afecto.

Realmente se trataba de un señor singular que marcó a todos con su personalidad. Tenía D. Isaac un tremendo carácter, un inmenso corazón y un gran sentido del humor -todo ello ciertamente muy Balbuena-.

Cuando llegaba a Ardoncino encargaba a sus empleados que barrieran minuciosamente todos los caminos del pueblo, y eso que eran de puro barro, y atendía a todo el que le necesitaba -“era nuestro médico” dicen con orgullo aún hoy, los hijos y los nietos de los que atendió-. D. Isaac no era de gran estatura, sin embargo en la memoria de los lugareños es un hombre notablemente alto. Debe ser cosa de su estatura moral que ha eclipsado, a buen seguro, la estatura física.

Su automóvil fue el segundo en matricularse en León -LE-2-; se cuenta que cuando se le paraba el motor al auto, cosa frecuente en la época, si no arrancaba enseguida al tirar de manivela, se enfadaba muchísimo, tanto que en una ocasión, harto de que no se le pusiera en marcha, sacó un  revolver de entre sus ropas y le pegó un tiro al motor; en fin… cosas de D. Isaac.

También es magnífica la anécdota del cura de San Andrés; parece que el señor cura tenía una fobia recalcitrante a las fiestas de Carnaval y que con frecuencia le daba la lata con el tema a D. Isaac -él fue también Presidente del Casino de León, en donde se celebraban bailes de máscaras en la época de Carnaval-, tratando de influirle para que los suprimiera-. D. Isaac, liberal donde los hubiera, trataba de convencer al cura de lo inocuo de los bailes de máscaras y de lo conveniente del rito carnavalero, tan catárquico y liberador, tan conveniente al fin y al cabo para la salud mental de la gente, pero el cura insistía; tanto insistía el clérigo que D. Isaac, perspicaz y pillo como era y buen conocedor de la naturaleza humana, detectó que la santa fobia del clérigo venía mezclada con una curiosidad no tan santa, aunque bien humana, por cierto. Así que en el momento adecuado de una de sus conversaciones le propuso al cura que asistiera a uno de los bailes de máscaras; naturalmente le dijo que era para que se pudiera formar un recto criterio sobre el asunto en discusión; ¡no por otra cosa! El cura inicialmente se negó escandalizado, pero D. Isaac fue erosionando el ánimo del cura con sutiles argumentos y finalmente le convenció: “al fin y al cabo nadie le reconocería en el baile, porque llevaría una máscara, y, además, él podía abandonar la fiesta de disfraces, si algo hería especialmente su sensibilidad, cuando quisiera; así se formaría su propia opinión con todo fundamento”. Total, que el cura dijo que sí cuando D. Isaac le aseguró que con el disfraz nadie le reconocería. Sin embargo, tan pronto el cura entró en el salón de baile, acompañado de D. Isaac, todo el mundo decía a su paso: ¡mira, éste es el cura de S. Andrés!; ¡fíjate: éste es el cura de San Andrés!; ¡qué gracia: mira, éste es el cura de San Andrés! El cura abandonó precipitadamente el salón pensando que era cosa del demonio que le hubieran reconocido debajo de su máscara; y sí que era cosa del demonio: del demonio de D. Isaac  concretamente, que en la espalda del disfraz del cura había puesto un letrero que de forma más que visible decía: “Éste es el cura de S. Andrés”.

No fue esta la única vez que estuvo cerca de ser excomulgado mi genial bisabuelo. En otra ocasión un aparcero de Villaverde de Sandoval -el monasterio y sus tierras también pertenecieron a la familia-   entró a la iglesia con evidente ánimo de confesarse y a un joven D. Isaac, que estaba en ese momento en la iglesia, no se le ocurrió mejor idea que meterse en el confesionario y confesar al buen hombre, quien -fijaos en la casualidad: como dicen, la realidad siempre supera a la ficción- se confesó, entre otros pecados corrientes, de haber talado algunos chopos propiedad de D. Cayo, el padre de D. Isaac, y haberse apropiado de la madera. D. Isaac, generoso y magnánimo, le absolvió de todo pecado, pero le puso de penitencia, no que devolviera el dinero, sino que hiciera una larga caminata por el camino de Santiago. Cuando el tema, que trascendió, llegó a oídos del Obispo, D. Isaac, esta vez sí, estuvo a punto de ser excomulgado, y a mi entender debía haberlo sido. Pero se ve que entonces la influencia de D. Cayo daba para proteger a su hijo de todo mal, incluida una posible excomunión.

Otra anécdota famosa se produce cuando en el Casino, para escarmentar al típico mirón de partida de cartas, que era corto de vista y tenía problemas en los ojos desde joven, D. Isaac hizo apagar súbitamente todas las luces del bien cerrado salón de juego -tan bien cerrado estaba que en él no entraba nada de luz del exterior-, y consiguió que todos los jugadores, convenientemente aleccionados con anterioridad, siguieran hablando, fumando y golpeando las mesas con los naipes, como si tal cosa; el pobre hombre comenzó a gritar: ¡he perdido la vista!, ¡estoy ciego!, ¡ciego!, ¡me he quedado ciego! Entonces encendieron la luz, se hizo el milagro y el ciego recuperó la vista, pero el pesado mirón no volvió por el Casino nunca más, claro.

Así se las gastaba D. Isaac. Hay muchas anécdotas, pero no quiero extenderme demasiado, aunque me temo que ya lo he hecho. Sólo mencionar que las malas lenguas decían que a D. Isaac le encantaba asistir, cuando estaba en Madrid, al espectáculo en el que la famosa vedette Consuelo Portela,  “La Chelito” se buscaba una pulga indiscreta que se había colado entre su piel y su ropa más íntima, mientras cantaba el famoso cuplé que reza: “Hay una pulga maligna, que ya me está molestando, porque me pica y se esconde y no la puedo echar mano, etc.”. No está comprobado en absoluto; probablemente sean maledicencias de las gentes; ¡seguro que es así!

También dicen esas maledicentes lenguas que a D. Isaac le encantaba el juego y, concretamente, jugar a las chapas, a las que tan aficionados son en León en Semana Santa. Pues bien, fijaos en la fama de D. Isaac y en “¡cómo es la gente de León!” según decía mi madre, que alguien propaló que D. Isaac, un día, en una partida de chapas, se había jugado a mi bisabuela Paca. Eso es, seguro, una mentira, ¿cómo se iba a haber jugado D. Isaac a su esposa a las chapas? En todo caso, si así hubiera sido, lo que es seguro es que D. Isaac ganó la apuesta, porque yo conocí a mi bisabuela; ella estaba en casa cuando yo era un niño, me encantaba quedarme en su regazo durante horas acariciando su cara. Así que, en primer lugar, no es creíble que se la jugara y, en segundo lugar, si así hubiera sido, lo que es seguro es que no la perdió. Pero como lo cuentan…, pues yo lo cuento, pero ¡que quede claro que es sólo una gran mentira!

DÑA. INDALECIA BALBUENA IRIARTE

Hija también de D. Cayo, era hermana de Dña. Socorro y de D, Isaac, casada con D. José Alonso Pereira, hermano como dijimos de Dña. Francisca, la esposa de D. Isaac.

Sus once hijos, nacidos en León, los Alonso Balbuena, eran doblemente primos de mi abuela, Asunción Balbuena Alonso y, simplemente primos de mi abuelo, Gustavo Fernández Balbuena; sus nombres: Manuel (que falleció a los 17 años), María Victoria, Asunción (casada con D. Enrique Amman), Consuelo (casada con D. Adolfo García), Fernando (Médico dentista afincado en León, casado con Dña. Manuela Mella), José María (Médico, casado con Dña. Pilar Pardo de Canalís, quien ayudó a sobrevivir de recién nacida a mi hermana Mari Carmen -nació prematuramente en Ardoncino, a los seis meses y medio de gestación-), Gustavo (Médico, casado con Dña. Clara Arredondo), Soledad (casada con D. Manuel Revuelta), Luis (casado con Dña. Concepción López y Vélez), Isaac (fallecido a los dos años), Carlos (Médico dentista, casado con Dña. Enriqueta Merino) y Mercedes (casada con D. Antonio Prada).  Todos ellos fueron visitantes asiduos de Ardoncino y han transmitido sus recuerdos a las siguientes generaciones.

Mis primos descendientes de Dña. Indalecia y sus descendientes son tantos que entenderán que no los mencione aquí, uno por uno, pero saben que están en mi recuerdo y sé que ellos tienen en su memoria a Ardoncino.

D. GUSTAVO FERNÁNDEZ BALBUENA Y DÑA. ASUNCIÓN BALBUENA ALONSO

La única hija de D. Isaac, Dña. Asunción Balbuena, se casa con su primo carnal, el Arquitecto D. Gustavo Fernández Balbuena, con el que había compartido veraneos en Ardoncino desde niños, junto con el resto de los primos. ¡Imaginaos cómo se multiplica la relación de mi familia con Ardoncino entonces!

En el otoño de 1921, Gustavo Fernández Balbuena  escribe su artículo “La arquitectura humilde de un pueblo del páramo leonés”. Mi abuelo tenía verdadero amor por Ardoncino y ya casado pasaba largas temporadas allí descansando, junto con su esposa y sus hijos, y cerca de sus suegros. Los niños pasaban todas las vacaciones de verano allí. Gustavo y Asunción tuvieron cinco hijos muy seguidos: Carmina (mi madre, casada con D. José Mata; que tuvieron cuatro hijos: José Luis, Mari Carmen, Gustavo y María Pilar), Manuel (casado con Dña. Concepción Díaz Portas), Lola (casada con D. Ramón Testa padres de María Ángeles, Asunción y Lola), Rosina (casada con D. Joaquín Caro, padres de Rosa) y Leopoldo (casado con Dña. África Aleixandre, padres de Gustavo, Leopoldo, Luis Ángel, África y Alfredo).

D. Gustavo tenía tal pasión por su profesión de arquitecto, que su salud se resentía por el ritmo enloquecedor de trabajo que se imponía; y cada vez que se encontraba mal iba a Ardoncino a reponerse. Recién casado, pronto planea cumplir un sueño: convertir sus catorce fincas de Ardoncino en un lugar autárquico, autónomo, en el que poder aislarse de todo para seguir creando sin depender de nadie; así, con este motivo, proyecta y construye una casa para sí y su familia, “La casa de arriba” que figura en los catálogos de arquitectura como una obra singular. La casa tenía de todo, salvo molino, porque confiaba que nunca le faltaría el molino del abuelo de José Ramón Fierro, para moler su trigo. La casa está -mejor dicho, estaba, ¡hasta hace bien poco estaba!- en el alto del pueblo y desde allí se contempla aún un horizonte sin límites; se puede ver León y todo el páramo, también la línea de montañas que separa el reino de León de Asturias; y todo a escasos 300 metros de la iglesia de Ardoncino, de “La casa de abajo” y de las bodegas; basta, desde allí, con dirigir la mirada hacia la minúscula vallina para ver todo Ardoncino; y allí arriba se está varios grados de temperatura más fresco que abajo y siempre corre la brisa: ¡un verdadero paraíso!  Ahí creció mi madre y mis tíos, junto a sus padres y junto a Isaías, Isaac, el ama, Basilisa, D. Antonino el cura…, en fin, junto a todo el pueblo. Sus veraneos de  infancia  fueron un torbellino de actividad: jugando al tenis en la pista que tenían detrás de “La casa de arriba”, fumando hojas de parra picadas y liadas con papel higiénico, jugando con todo, con las lagartijas, con los gatitos, con los perros, con las gallinas y los pollitos, con los murciélagos a los que, después de capturados, les hacían fumar cigarrillos, o con las ranas a las que inflaban con un paja de trigo, convenientemente adaptada, e introducida en el animalito por el lado contrario de dónde tienen la boca los pobres bichos, para ver luego como flotaban sin poder hundirse, … ¡hasta tenían una loba enjaulada! una loba que habían recogido de cría después de que cazaran a la madre, -¡si lo llega a saber la protectora de animales!-. Mi madre y mis tíos eran unos pequeños salvajes a tiempo parcial viviendo felices su verano en un marco incomparable. Todos ellos eran genuinos leoneses nacidos en Madrid y en todos estaba imborrable la huella de Ardoncino.

En una de las recaídas de salud de D. Gustavo, que, como os decía, siempre estaba poniéndola en riesgo por exceso de trabajo, deciden, para que se reponga, hacer un crucero por el Mediterráneo; acompañan a Gustavo su esposa Dña. Asunción y su hija mayor Carmina, mi madre, que tiene entonces quince años; es el año 1931. Frente a las costas de Andraitx, en Mallorca, al anochecer, después de cenar en el barco, Gustavo desaparece; la última persona que lo vio describió que estaba apoyado en la barandilla del barco mirando absorto el horizonte, con la mano en la frente, en lo que era una postura característica suya. Esa noche habían cenado a bordo salmonetes. Mi madre no los volvió a probar en su vida.

D. Gustavo Fernández Balbuena cuando desapareció tenía sólo 42 años y ya era considerado el mejor arquitecto de su generación. Un pionero: el primero en escribir sobre arquitectura popular, el primero en escribir un libro sobre urbanismo, el fundador de GATEPAC, el fundador de la Revista Arquitectura de la que fue su primer Director, el autor de importantes trabajos sobre patrimonio monumental -suyo es el Catálogo monumental de Asturias, que escribe en Ardoncino, desde donde viajaba a Asturias para documentarse-, el pionero de la fotogrametría aérea… Su obra arquitectónica es ingente. Llega a ser Arquitecto Jefe de Urbanismo de la capital de España, urbaniza las riberas del Manzanares y el Paseo de la Virgen del Puerto, contribuye decisivamente al trazado de la Ciudad Lineal… Hay muchas obras suyas catalogadas en Madrid. Una obra increíble que desarrolla en muy pocos años. En León su obra más conocida es lo  que fue la sede del Casino en la Plaza de San Marcelo, que hoy es la sede del Banco de Bilbao Vizcaya. Su obra ha sido objeto recientemente de tesis doctorales.

Y, estoy seguro de que si le preguntaran a D. Gustavo de dónde era, no diría que de Ribadavia, en donde había nacido, de donde era su padre y de donde él fue Arquitecto Municipal, diría que él era de Ardoncino. Así se sentía.

Él es el responsable de que Ardoncino sea conocido por todos los que se hayan interesado por la Arquitectura popular en España.

DÑA. CONSUELO FERNÁNDEZ BALBUENA

Casada con Lorenzo Gallego, otro notable Arquitecto, tuvieron varios hijos: José Luis Gallego Fernández (casado con Dña. Elena Belaunde, padres de Elena, Alberto y José Luis); Fernando Gallego Fernández (también notable Arquitecto); María Teresa (casada con D. Elías Díaz Vigil-Escalera, oftalmólogo colaborador de Félix Fernández Balbuena en Gijón, padres de María Teresa); Antonio Gallego Fernández (médico e insigne Catedrático de Fisiología, casado con Dña. Esperanza Fernández, padres de Roberto, también Médico y Catedrático y de Antonio); y María Rosa (“Piola”, otra talentosa artista de la familia). Todos estos primos de mi madre formaban parte de la “troupe” de jóvenes Fernández Balbuena, que invadían en los veranos Ardoncino.

D. FÉLIX FERNÁNDEZ BALBUENA

También se libra de vivir la Guerra, como le sucedió a mi abuelo Gustavo, por haber fallecido antes, Félix, otro de los ilustres hermanos Fernández Balbuena, notorio Médico oftalmólogo, gran investigador del tejido de la retina humana, otro pionero. D. Félix fallece en Gijón, donde ejercía como oculista, en 1936, justo antes de empezar la Guerra. Como Gustavo y como Roberto, Félix había heredado un notable talento para la pintura y el dibujo. D. Félix era algo más que un notable pintor, era, además, muy buen retratista y escultor. Modela un espléndido busto de D. Isaac. Retrata a algunas de sus sobrinas,… Conservo en mi casa un retrato al carbón de su hermano Gustavo, niño, y otro al oleo, de gran formato, de su padre, mi bisabuelo Gustavo, hechos por él.

De Dña. Socorro también conservo un  retrato al oleo, pero hecho por D. Roberto.

También su padre D. Gustavo Fernández Rodríguez, el Ingeniero de la Armada, era muy buen dibujante. Recientemente he descubierto que un hermano suyo, de D. Gustavo Fernández Rodríguez: Silvio Fernández Rodríguez, fue además de Abogado, un famoso pintor;  he podido ver alguna de sus obras que están en el Museo Provincial de Pontevedra. D. Silvio Fernández Rodríguez tiene una calle con su nombre en Pontevedra.

El tío Félix viajaba frecuentemente desde Gijón a Ardoncino, y ha inmortalizado algunas escenas de Ardoncino de los años 20, en sus películas. En ellas se puede ver a los bisabuelos Dña. Socorro y D. Gustavo, a D. Gustavo y Dña. Asunción, con sus hijos en Ardoncino, a D. Roberto, a mi madre y sus hermanos jugando en “La casa de arriba”, a algunos de los hijos de Dña. Indalecia y D. José, etc.

Mi madre recordaba que ella y sus hermanos cazaban ranas para que el tío Félix las empleara después en sus investigaciones sobre la retina.

D. MANUEL FERNÁNDEZ BALBUENA

D. Manuel, Ingeniero de Minas, fue Director General de Cristalera Española y Director de Minas de Río Tinto, casado con Emilia Fernau Bertuelo tuvieron varios hijos: Carlota (casada con D. Augusto García Limón, padres de Emilia, Francisco, Concepción y Augusto), Gustavo (Ingeniero de Minas, casado con Dña. Lucía Azqueta, padres de Lucía, Rosa María, María Antonia y Delia), Leonor (casada con D. Juan Acevedo, padres de Juan Manuel, María del Carmen, Emilia, José Francisco y Gustavo), Emilia (casada con D. Francisco Navarro, padres de Emilia y Carmen), Magdalena (casada con D. Alfonso López-Lago, padres de Jorge, Magdalena, Alfonso y Emilia), y Jorge (fallecido en combate durante la Guerra).

Todos estos primos de mi madre, Fernández-Balbuena como ella, aunque muy ligados a Huelva, estaban también muy frecuentemente en Ardoncino y también trasmitieron los recuerdos a la generación siguiente, a mis primos segundos los García- Limón Fernandez-Balbuena, los Fernández-Balbuena Azqueta, los Acevedo Fernández-Balbuena, los Navarro Fernández-Balbuena y los López-Lago Fernández-Balbuena. Y éstos a sus hijos y nietos. Me consta.

MIS PADRES: DÑA CARMINA FERNÁNDEZ-BALBUENA Y D. JOSÉ MATA GARCÍA

Mi abuela Dña. Asunción, ya viuda, y sus hijos siguen yendo a Ardoncino, cuando menos a pasar el largo verano, de Julio a Septiembre,  en “La casa de arriba”, junto a sus padres D. Isaac y Dña. Francisca, que están en “La casa de abajo”. Mi madre ya es una jovencita y entonces es cuando aparece en escena mi padre: el joven Inspector Veterinario de Chozas de Abajo, D. José Mata García, natural de Villaturiel, hijo de D. Emilio Mata, de Mansilla de las Mulas, y de Dña. Pilar García, de Valdevimbre. D. Isaac es quien los presenta. Se enamoran y se cortejan bajo la atenta vigilancia de la abuela Dña. Francisca, que encargaba a su nieta pequeña Rosina que hiciera de permanente carabina de la pareja en sus paseos por El Bago. Ella, la “abuelina Paca”, era muy conservadora, muy tradicional y decía por ejemplo: “los besos no hacen hijos, pero tocan a vísperas” y ponía mala cara en cuanto mi padre se acercaba a mi madre; incluso después de casados seguía incomodándole que mi padre se mostrara cariñoso con mi madre si ella estaba presente. D. Isaac, era otra cosa, más abierto, más moderno. Cuando mi madre le anuncia su noviazgo a su abuelo Isaac, él le contesta en una entrañable carta, ejemplo incomparable de amor de abuelo, que a él, Pepe, le parece un chico estupendo, con su carrera bien hecha y su porvenir resuelto, trabajador, impecable, etc. y que él no tiene nada que decir, pues ella, mi madre, tiene a su madre, Asunción, para que le aconseje del mejor modo.

Un día, que la pareja de novios -mis padres- estaba merendando con otros amigos, hermanos y primos en la bodega, el vino se le sube a la cabeza a la mencionada “carabina”, a mi tía Rosina; y se le sube al estilo de la zona, a traición; ella, al salir de la bodega, nota súbitamente el efecto del vinillo que poco antes entraba sin sentir, y llena de sinceridad, agarrándole del brazo resueltamente, mira a D. José, mi padre, el novio de su hermana, y le dice: ”la verdad es que mi hermana es muy mona, pero tú, Pepe, ¡qué guapo eres ladrón!”. Mi padre era uno de los hombres mejor parecidos y más distinguidos que yo haya visto y eso no era lo mejor que tenía: era un hombre bondadoso, donde los haya, al que todo el mundo quería y al que todos en todos los sitios por donde pasó recuerdan; bueno, honesto, sobrio y elegante en todos sus gestos, hasta el fin de sus días. D. José Mata fue Inspector Veterinario Titular de Chozas de Abajo con la plaza en propiedad entre el año 1934 y el año 1942. Más adelante, como Doctor en Veterinaria, fue Titular en Aranjuez y después, desde 1944, Inspector Veterinario Titular en Pola de Siero, Asturias, hasta su fallecimiento allí en 1969.

LA GUERRA Y LA POSTGUERRA

El abuelo Isaac ya había fallecido, en 1935. En Julio de 1936, Madrid está en un proceso de grave agitación política que presagia lo peor. El 16 de Julio mi abuela y sus hijos, parten de nuevo -un año más- hacia Ardoncino, a pasar el verano, pero, al estallar a los dos días la Guerra, han de pasar tres años entre Ardoncino y León. ¡Menos mal! Porque en Madrid lo pasaron peor que en León.

Mi madre contaba que en los primeros días de la Guerra se presentó en Ardoncino un camión lleno de hombres vestidos con mono, con una pinta muy mala; subieron a “La casa de arriba”; podían ser de un bando o del otro, y mi padre no estaba en casa pues había ido a una visita profesional; cuando mi padre llegó, a caballo, se acercó al galope, con la mano en alto gritando ¡Arriba España!, menos mal que los del camión eran nacionales, porque sino yo no estaría aquí contándolo. Mi padre y mi tío Manolo combaten en la Guerra del lado nacional. Mi tío Leopoldo, con 15 años, miente sobre su edad y sin apenas barba y bigote, un crío, pero lleno de valor, se incorpora también a filas.

Nunca oí a mi padre referir nada de la Guerra. Si le preguntabas, decía alguna pequeña cosa sin trascendencia y pasaba a otro tema. En Junio de 1937, en plena Guerra, mi padre y mi madre se casan en la Iglesia de Ardoncino, aprovechando un permiso de mi padre. Los anillos de oro los regalan al Tesoro Nacional. Yo conservo siempre en mi dedo anular el de plata de mi padre, con el nombre de mi madre y la fecha -18/06/37- grabadas en el interior. El ramo de novia fueron unas azucenas que crecían en el huerto del cura, D. Antonino, que hasta última hora no se sabía si se iban a abrir a tiempo o no. Finalmente sí lo hicieron. Cada año estoy pendiente de la fecha en la que las azucenas se abren y me acuerdo de ella. Pero en Madrid se abren casi un mes antes de lo que lo hacen en Ardoncino. Las mozas del pueblo cantaron en la ceremonia; puede que la madre de Francisco Javier Martínez Geijo, el Alcalde de Ardoncino, estuviera en el coro cantando el día que se casaron mis padres. Poco después de terminada la Guerra, concretamente dieciocho días después, nace, en Valladolid mi hermano mayor, José Luis, y un año y medio más tarde nace en Ardoncino, el 11 de Septiembre de 1940, mi hermana Mari Carmen, que se adelantó a los acontecimientos naciendo a los seis meses y medio de gestación, por eso les pilló a todos por sorpresa, mientras pasaban el verano en Ardoncino; es ella la que ha recibido en nombre de la familia la placa del homenaje de la Junta vecinal.

D. ROBERTO FERNÁNDEZ BALBUENA

Mientras tanto, el tío Roberto, hermano de mi abuelo Gustavo, arquitecto como él y notable pintor –con obra expuesta en el Museo Reina Sofía, entre otros-, que se sentía también de Ardoncino, igual que mi abuelo, y que era “la oveja roja de la familia”, como le gusta decir a su hija Guadalupe, está en Madrid, seriamente comprometido con la República, participando en la parte de la Guerra que corresponde a un profesional del arte y la cultura: salvar el  patrimonio artístico del país amenazado por la guerra y el pillaje. Roberto es responsable en ese tiempo del Museo del Prado, su Director Ejecutivo, y preside la Junta de Incautación de Obras de Arte; le toca salvar muchos de nuestros tesoros artísticos, entre otros las obras del Museo del Prado bombardeado por la aviación nacional. Mientras una parte de la familia está en el frente, de un lado, Roberto, comprometido con la República, se deja la salud en Madrid trabajando, sin comer, tratando de salvar todo lo salvable de la guerra y del terror de la retaguardia; del terror y la ignorancia de algunos de sus compañeros políticos, aquellos que confundían el patrimonio común: la historia y la cultura, con las posiciones políticas conservadoras que atacaban y sólo por eso los destruían y de aquellos salvajes que, desde el otro bando, llegan a bombardear el Museo del Prado.

Al término de la Guerra, Roberto parte hacia el exilio. Se instala en México, se casa con Elvira Gascón, española exiliada, artista como él, con la que había compartido su labor de salvación del patrimonio artístico en la Guerra. Los casa el Obispo de México D.F.; nacen sus hijas: Guadalupe y Elvira. Guadalupe se casa con D. José Manuel de Rivas Cheriff y tienen tres hijos: José Manuel, Guadalupe y Francisco, y Elvira se casa con D. Fernando Fernández y tiene una hija: Julieta.

¿Qué hubiera ocurrido si mi abuelo -que sociológicamente debía ser conservador, pero que intelectualmente estaba comprometido con su época y con las ideas progresistas, hubiera vivido la Guerra? Mejor no saberlo. A veces, en determinadas circunstancias, es mejor no estar presente. Claro que ¿qué hubiera hecho como Arquitecto si hubiera vivido unos años más?

EL RESTO

Y, para que nadie se pueda sentir no mencionado, menciono aquí a todos los miembros de la famila que están menos presentes en mi recuerdo, pero, para los que Ardoncino era también, y aún es, estoy seguro, un recuerdo imperecedero.

EPÍLOGO PROVISIONAL (Conviene no cerrar nada del todo, por si acaso)

En el año 1942 mi abuela Asunción decide vender todas sus propiedades en Ardoncino. Pero Ardoncino sigue presente en la memoria de mi familia. Es un recuerdo imborrable para todos.

Ahora, comprobamos que la familia, pese a los muchos años transcurridos, sigue presente en la memoria de las gentes de Ardoncino. Con una viveza que parece que fue ayer cuando los Balbuena paseaban por allí.

Parece increíble, pero es verdad. ¡Qué suerte tenemos algunos!

Muchas gracias, otra vez, por todo, a todos los de Ardoncino y Chozas de Abajo.

Gustavo Mata Fernández-Balbuena, Las Rozas de Madrid, 23 de Agosto de 2010

37 Comments

  1. Conmovedor y bello artículo, para los que no le conocimos es como tener más cercano a D. Isaac.
    ¡ Cuanta historia perdida en el tiempo!, que bueno poder recuperarla, a fin de cuentas es nuestra historia!

  2. Gracias por el comentario Marisa y gracias por contribuir a que no se pierda la memoria de los Fernández Balbuena en Ardoncino.

  3. Miguel Ángel Osorio

    agosto 27, 2010 at 12:49 pm

    Entrañable y excelente artículo, Gustavo. He disfrutado leyendolo y he intentado participar imaginariamente en los sucesivas etapas generacionales que tan magnificamente has descrito. Aunque soy casi más galego que leonés (Bierzo) admiro las grandes bondades de las gentes del páramo.

    PD. Enhorabuena por el reconocimiento del pueblo de Ardoncino a la Familia Fernández Balbuena

  4. Gracias Miguel Ángel, ¡qué gusto saber de ti! Te echo de menos y echo de menos el orujo de tu padre.
    Un abrazo para Mila también.

  5. ¡Que preciosidad de artículo, primo! Que pena no haber podido ir ese día, pero en cuanto podamos nos damos una vuelta por Ardoncino.

  6. Gracias prima.
    Un beso.

  7. Muchas gracias Gustavo, por permitirnos a los más jóvenes de Ardoncino saber un poquito más de la historia de nuestro pueblo. Su familia es muy importante en la historia de Ardoncino, de hecho es que todos nosotros en alguna que otra ocasión hemos oido hablar a nuestros padres, tíos o abuelos de D. Isaac. Tras leer el artículo, me siento en cierto modo afortunada, puesto que he tenido la suerte de vivir en «la casa de arriba», un lugar precioso, donde todo esta hecho al mínimo detalle. Durante mi infancia, corretee por ella, preciosa casa y para mí es un orgullo haber vivido en ella, corretear por esos pasillos y esos salones, subir aquella escalera de caracol hecha de madera que te llevaba hacia la habitación más alta de toda la casa, desde la cual podías ver todo el pueblo, precioso la verdad, una pena que hace unos años, se derribase, para todos fue difícil acostumbrarse a mirar para el alto y no ver la casa, para mí y mi familia fue difícil, el no verla pero también resultó muy duro para nosotros verla tirar En fin, la cosas han transcurrido así y no hay marcha atrás posible, pero qué pena. Pero para todos la que conocimos la casa, tenemos la gran suerte de tenerla en nuestras retinas guardada, y con solo echar la mirada hacia atrás recordarla tal y como era y para mí al mismo tiempo de recordarla, mi memoria se llena de recuerdos de las vivencias.
    Gracias por todo, gracias por acudir a Ardoncino y por el articulo, un honor para mi, conocerles.
    Un saludo

  8. Gracias a ti, Mary, y a todos los que conserváis el recuerdo de mi familia en Ardoncino.
    Un saludo muy afectuoso

  9. Rosa -Mª Fdez-Balbuena

    diciembre 5, 2010 at 9:45 pm

    Gracias Gustavo por un trabajo tan bien hecho, yo no sabía nada de Ardoncino, ni de la casa de arriba ni de la de abajo; he colocado mejor a mi abuelo y a sus hermanos en mi recuerdo infantil, muchas gracias otra vez.

  10. Gracias Rosa María, me alegro de que te haya servido para fijar mejor la memoria de esa generación tan extraordinaria de la que tan orgullosos nos sentimos todos de descender.
    Un abrazo.

  11. Margarita Halffter Gallego

    enero 14, 2012 at 11:07 pm

    Gracias por la investigación. Me has aclarado mucho sobre mis origenes. Has debido trabajar mucho.
    Te mando fuerte abrazo por el parentesco que nos toca y realmente sorprendida de tu esfuerzo.

    Margarita
    Gestora Cultural

  12. Gracias a ti Margarita, espero que nos veamos pronto para charlar de nuestra familia.
    Un abrazo muy fuerte.

  13. maria teresa de prada alonso

    marzo 3, 2012 at 1:12 am

    Ha sido un verdadero placer leer tu historia familiar .Siento no haberme enterado de la reunión. Es una pena que no haya nadie eslabón en la familia
    Me acuerdo de tí cuando estudiabas en Madrid y estabas en casa de tu tía Lolina
    Un abrazo

  14. maria teresa de prada alonso

    marzo 3, 2012 at 1:21 am

    Por cierto , me olvidaba, Ardoncino fue una propiedad compartida con mis abuelos , José e Indalecia Balbuena Iriarte. Se arruinaron y algo tuvo que ver en ello, la finca de Ardoncino ,según me contaba mi abuela con la que conviví cuatro años después del fallecimiento de mi madre.
    Me gustaría que me aclararas el papel de tu abuela Asunción
    Teresa de Prada
    Licenciada en Historia e Historia del Arte . Profesora

  15. Teresa, me encanta saber de ti, a ver si cuando vengas por Madrid charlamos a fondo de las cosas de la familia.
    Yo no sé más que lo que cuento, pero si hablamos, tal vez acumulemos más información. Y si hablamos con Carmina tu prima al tiempo mejor. Espero que me escribas a mi correo: gmatafb@gmail.com para tenerte mejor ubicada.
    Un beso y mil gracias.

  16. Buenas tardes: Me gustaria saber a traves de esta nota «Francisca Quijada Gómez, VII Marquesa de Rebolledo. Real Carta de sucesión en el titulo de Marquesa de Inicio el 12-4- 1865 . Casada con Gabriel Balbuena, sin sucesión, viudo de Regina López de Arintero, de la estirpe de la famosa Dama de Arintero» con quien tuvo varios hijos. Si el apellido Balbuena siguió con los titulos nobiliarios de Conde de Rebolledo y Marques del Inicio.
    Dandole las gracias.
    Pantxike Kontreras.

  17. Panxike Kontreras,
    La primera respuesta a su pregunta es: no. Pero requiere matizaciones; para explicar que la respuesta final es: sí.
    D. Gabriel era marqués viudo de Inicio, por tanto el título no pasó a su hijos, sino a los herederos de Dña. Francisca.
    Pero, andando el tiempo, el titular del Marquesado de Inicio, casó con Carmen Balbuena Iriarte, y el titular del Marquesado pasó a ser un hijo de ese matrimonio, un Balbuena: Gabriel Moyano Balbuena, marqués de Inicio.
    Saludos.

  18. Amigo, Gustavo;
    Contigo he vivido, ese momento, tan emocionante, que jamás olvidaré, que fue cuando hablamos por primera vez y te explique lo que pretendía hacer, era que el recuerdo de tu familia, tan relacionada con Ardoncino, estuviese vivo y prevaleciese, en el tiempo y en el recuerdo de todos los vecinos y a la vez, fuese conocido por nuestros jóvenes, como así me lo enseñaron a mí.
    Gracias a ti, por ayudarme con toda la información que nos has aportado, que nos permite, poder cumplir y ser agradecidos con esas queridas personas. A la vez nos permite conocer y revivir una parte de la historia de nuestro pueblo, Ardoncino. Información que nos ayuda como cargos públicos, seguir trabajado, con el fin de conocer más a nuestro pueblo, sabiendo que para poder crear un gran pueblo, hay que trabajar siempre por él, pensando en su presente y su futuro, pero sin olvidarse nunca de su pasado.
    Gracias a tu hermana, primos y otros familiares, que acudisteis a ese acto de recuerdo y homenaje, hacia tu familia, a la cual representasteis. Momento de cariño y satisfacción que junto con mis vecinos de Ardoncino, hemos intentado demostraros.
    Como pudisteis ver, muy a pesar nuestro, hay cosas materiales de la historia de tu familia que ya no existen, hay otras que si, otras se está haciendo, un gran esfuerzo para recuperarlas, al igual que nos faltan muchas personas queridas, que se hubiesen alegrado muchísimo, si se hubiera celebrado este acto, algunos años atrás, pero en este caso como en otros muchos, por circunstancias de la vida hay veces que nos toca ser agradecidos con las personas cuando ya no están.
    Pero todo esto, se sustituirá, con un hermoso recuerdo que estará siempre con nosotros y del cual me alegro de haber contribuido contigo, a que la gente mantenga vivo ese recuerdo que nos a permita poder seguir presumiendo durante años del paso de los antepasados de tu familia y los antepasados de nuestras familias, por nuestra querida localidad, ARDONCINO.
    Un saludo y gracias por todo.
    José Ramón Fierro Rodríguez
    Primer Teniente Alcalde del ayuntamiento de Chozas de Abajo

  19. Gracias una vez más a todos vosotros.
    Un fortísmo abrazo.
    Hasta pronto.

  20. Amadeo Vázquez Prieto

    octubre 17, 2012 at 9:24 pm

    Soy de Santa María del Páramo, vivo en Majadahonda, soy arquitecto. He tenido una especie de devoción por tu abuelo G.F.B y estoy encantado de haber leido estas páginas. Sin duda que sois una familia admirable y por lo que leo prolífica; no sospechaba que vivierais tantos descendientes. Que Dios os bendiga.

  21. Gracias por el comentario Amadeo.
    Yo vivo en Las Rozas. Si se le ofrece algo en relación a mi abuelo, no deje de decírmelo.
    Un afectuoso saludo y d enuevo muchas gracias.

  22. María Teresa Alonso Mella

    octubre 21, 2012 at 12:39 pm

    Querido Gustavo he leído la historia de nuestra familia y he tenido muchos recuerdos de mis veranos en Ardoncino en la casa de arriba con mis abuelos. Espero vernos pronto y comentar todos los recuerdos.
    Te mandaré en otro momento mi dirección de correo.
    Un fuerte abrazo.

  23. Gracias María Teresa, en cuanto puedas nos reunimos para compartir recuerdos.
    Un abrazo muy fuerte y muchas gracias.

  24. maria teresa de prada alonso

    noviembre 2, 2012 at 3:16 am

    Querido primo Gustavo:
    !GRACIAS! por este gran trabajo de recopilación de datos, de búsqueda del pasado familiar, de dedicación y de cariño con el objetivo de conocer más acerca de tus orígenes, de la vida de tus padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos…
    !GRACIAS! por tu generosidad al crear este blog y darnos la posibilidad de compartir tus hallazgos a todos los que de alguna forma estamos relacionados con Ardoncino y con la familia Balbuena.
    !GRACIAS! por tu sabiduría,por tu trato exquisito, por tu ayuda desinteresada, por tu gran categoría humana y por la sencillez de tu saber estar.
    !GRACIAS! por los buenos momentos que he compartido contigo y con Neni, tu mujer, no los olvidaré nunca. Estoy en deuda con vosotros.
    Sin duda nuestro reencuentro después de 40 años ha sido una de las mayores alegrías de mi vida.
    De todo corazón, os deseo lo mejor porque os lo merecéis.
    Un abrazo muy fuerte para los dos.
    Hasta pronto superprimos.
    Tere

  25. En mi casa se habla con mucho cariño de los Fernández-Balbuena, primos de mi tatarabuelo Silvio Rodríguez Fernández – Bastos. Me ha gustado mucho el artículo. Un abrazo!!!

  26. Gracias, un abrazo para ti.

  27. Manuel E. Hernández

    abril 21, 2013 at 7:29 pm

    Gustavo, he disfrutado leyéndolo, impresionante el conocimiento de tu familia.

  28. Pilar izquierdo

    mayo 25, 2013 at 7:59 pm

    Buenas tardes, soy Pilar Izquierdo y soy descendiente de Niceto Balbuena Ferreras, un hermano de Gabriel.
    Una hija de Niceto, llamada Ventura, fue la madre de mi abuelo Eladio.
    Estoy intentando reconstruir la historia de mi familia y hasta hace pocos días no sabía nada de mi rama leonesa. Mi abuelo, al que no conocí, nació en León y estudió medicina en Santiago. Ejerció la especialidad de oftalmología en Galicia, de donde procedía su padre, y allí se casó y tuvo una numerosa descendencia. Simultaneó la medicina con la de responsable del Cuerpo de Correos y, tras la Guerra, se trasladó a Barcelona donde murió. De su madre y ascendientes no tengo casi información.
    He leído el interesante relato que haces de la familia Fernández-Balbuena y que me descubre datos de los Balbuena desconocidos por completo para mí. ¿Dispones de información de la rama a la que pertenezco? Me resultaría de gran valor.
    Gracias por adelantado y un saludo afectuoso,
    Pilar Izquierdo

  29. Estimada Pilar, te mando los datos que tengo. Encantado de compartirlos y a tu disposición.
    Si me haces llegar datos que tengas tú te lo agradeceré.

    Gabriel Balbuena
    Escribano de Rentas
    Diputado por León en varias legislaturas:
    Elecciones 22.9.1837 León
    Elecciones 19.1.1840 León
    Elecciones 15.9.1843 León
    Elecciones 3.9.1844 León
    Elecciones 6.12.1846 León
    Elecciones 4.2.1853 León
    Elecciones 25.3.1857 León
    Elecciones 10.3.1867 León
    En diciembre de 1868, tras la llamada gloriosa revolución de septiembre de aquel año, se convocaron Cortes Constituyentes unicamerales mediante Decreto de 6 de diciembre de 1868, que aprobaron la Constitución de 1869.
    El 31 de diciembre de 1875, tras la Restauración de la Monarquía, se convocaron Cortes Constituyentes bicamerales que elaboraron la Constitución de 1876
    SENADOR POR LA PROVINCIA DE LEON
    LEGISLATURA 1876-1877
    Gabriel era hijo de Esteban Balbuena y de Escolástica Ferrera.

    Ancestros Balbuena:
    Esteban Balbuena, el padre de Gabriel, nacido el 20/12/1759) era hijo de José Balbuena y de Francisca Díez quien era hija de José Díez y María Morán. José Balbuena era hijo de Manuel Balbuena y de Beatriz de Robles. Manuel Balbuena nació el 17-06-1686, y era hijo de Francisco Balbuena Bayona (nacido el 02-10-1663) y de Ana Díez quienes se casaron en febrero de 1683, en Riosequino de Torío, de donde era natural Ana. Francisco Balbuena Bayona nacido el 02/10/1663 era hijo de Bernabé Balbuena y de María Bayona.

    Ancestros Ferrera:
    Escolástica Ferrera, la madre de Gabriel (nacida el 10-02-1765)era hija de Santiago Ferreras Fonseca, hijo de Benito Ferreras y Angela Fonseca. Su madre, Eugenia de Robles Arias, es hija de Manuel de Robles y de Catalina Arias Díez. Catalina Arias Díez, que nació el 01-08-1671, era hija de Diego Arias e Isabel Díez, que se casaron el 24-12-1661. Tanto Catalina como sus padres eran de Riosequino de Torío (León).
    Un saludo muy afectuoso de tu pariente.

  30. Pilar izquierdo

    mayo 30, 2013 at 10:01 pm

    Estimado Gustavo, muchas gracias por la información. Los datos que te puedo aportar son los siguientes:
    Esteban Balbuena Díez era el escribano mayor de rentas en la Intendencia de León en el año 1818.
    Niceto Balbuena Ferreras (hermano de Gabriel): falleció en León el 21 de noviembre de 1887. Fue Delegado del Gobierno en los Depósitos de Caballos Padres del Estado y estuvo destinado en la Parada de León correspondiente al Cuarto Depósito de Caballos Sementales de Valladolid. Se casó con Eladia Álvarez Puelles. Tuvieron al menos dos hijas: Ventura y Emiliana.
    Ventura Balbuena Álvarez (hija de Niceto y Eladia). Se casó con Pelayo Izquierdo Sarmiento que nació en Tuy (Pontevedra) el 29.06.1853 y murió en Tuy el 25.09.1918. Fue Jefe Superior de Administración Civil del Cuerpo de Correos. Desconocemos su periplo leonés pero sí sabemos que en el 6.07.1895 fue destinado a Santiago de Compostela y el resto de plazas que ocupó, hasta su jubilación, fueron también en Galicia. Pelayo y Ventura tuvieron 8 hijos entre los que estaba mi abuelo, del que ya te he hablado.
    Un saludo afectuoso,

  31. Gracias Gustavo por acordarte de mi en ese maravilloso resumen de vuestro paso por Ardoncino,me alegra saber que sin conocerlo, «ya lo conocias con el corazón».
    Un saludo

  32. Gracias a vosotros por mantener a mi familia entre vuestros recuerdos.
    Hasta que queráis.

  33. teresa de prada alonso

    septiembre 20, 2013 at 7:51 pm

    Querido Gustavo,
    He vuelto a releer la historia familiar. Siempre me emociono…
    Si no fuera por ti, no sabríamos casi nada…
    Y lo mejor de todo, tu generosidad.

    GRACIAS

  34. Querida Teresa, muchas gracias a ti.
    Un beso muy grande.

  35. Buenas Me ha gustado bastante tu post asi que pense en dejarte un saludo. He copiado tu rss para no perderme tus noticias. Besos desde Mexico

  36. carmina alonso

    marzo 21, 2015 at 9:06 pm

    Gustavo, al releer la fantástica historia que has escrito sobre nuestra familia, me han venido a la me memoria las anécdotas que la abuela Indalecia me contaba de Ardoncino y de San Andrés. Es todo tan entrañable. Gracias por hacerme recordar.

  37. @Pilar izquierdo: hola, somos parientes no muy lejanos. Pelayo Izquierdo Sarmiento éra mi bisabuelo. Se casó con Buenaventura Balbuena y Álvarez (? – 1926), uno de sus varios hijos, Pelayo Izquierdo Balbuena (casado con Vicenta Emilia Lagala Santacruz) fué mi abuelo, al que no llegué a conocer. Una de las hijas de éste matrimonio fué Maria Isabela Izquierdo Lagala, mi madre.

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