El blog de Gustavo Mata

Estrategia: Las reglas del juego en los negocios

EL EJEMPLO DE LOS JUECES

Perdonad el exabrupto pero hay veces que un taco es inevitable: ¡Hay que joderse!; 1.500 euros al juez por la cadena de errores del caso Mari Luz que permitió a Santiago del Valle, presunto asesino de la niña, estar en libertad pese a tener dos condenas firmes.

A la secretaria del juzgado sí que la han empurado bien. Perro muerde a perro pero juez no muerde a juez. Está claro. ¡Este corporativismos absurdo nos hace a todos peores!

No digo nada más que seguro que si lo hago es desacato. Y a mí me saldría más caro. Nada de desacatos, pero con todos los respetos a la judicatura, dejo aquí mi acatamiento a sus disposiciones -todas- y mi disconformidad con ésta: ¡absoluta disconformidad!

Lo peor es lo que estará pasando y pensando el dignísimo y civilizadísimo padre de la niña.

¡Brrrrrr!

3 Comments

  1. Ya lo dice el refrán… entre toros no hay cornadas. Me parece una verdadera desvergüenza, en cualquier profesión si te equivocas lo pagas (véase médicos, arquitectos, conductores, etc.). Si eres juez estás a otro nivel, por encima del bien y del mal.

  2. Así parece que es.
    Felicidades.

  3. Del corporativismo mal entendido se debiera rescatar un verdadero concepto de “cultura corporativa”, algo que rescatase aquella parte del servicio y de aspiración a la excelencia.

    La corrupción de las actividades, la raíz última reside en la pérdida de vocación, en la renuncia a la excelencia.

    La corrupción se produce cuando aquellos que participan en las actividades profesionales no las aprecian en sí mismas porque no valoran el “bien interno” que con ellas se persigue y las realizan exclusivamente por los “bienes externos” que por medio de ellas pueden conseguirse. Con lo cual esa actividad y quienes en ellos cooperan acaba perdiendo su legitimidad social y con ella toda credibilidad.

    ~
    En este sentido la profesión exige prestar un servicio a la sociedad. El profesional debe aspirar tanto a la excelencia física como a la excelencia moral, ya que una profesión no es un oficio sino una ocupación.

    Pero la burocratización de buena parte de las profesiones ha destruido en muy buena medida la aspiración a la excelencia porque, desde una perspectiva burocrática, el “buen profesional” es el que cumple las normas legales vigentes, de forma que no se le puede acusar de “negligencia”, el que logra ser irreprochable desde el punto de vista “legal”.

    Sin embargo, es preciso distinguir entre la legalidad y la ética, entre el ethos burocrático y el ethos profesional.
    Las leyes exigen un mínimo indispensable para no incurrir en negligencia, un mínimo que, en el caso de las profesiones, entre ellas la judicatura especialmente, resulta insuficiente para ejercerlas como exige el servicio que han de prestar a la sociedad.

    Además a ello se añade el corporativismo que reina en algunas profesiones, entre ellas todavía más en la judicatura, que les lleva a defenderse mutuamente ante las denuncias y que se protege bajo esa exigencia de cubrir unos mínimos para resguardarse ante cualquier problema legal.

    Por eso este castigo me parece que se ha quedado en puro corporativismo y la sanción no es todo lo ejemplar que debiera esperarse de la gravedad misma del acto negligente que se ha cometido, que creo no estarían incardinado en una simple negligencia sino más bien en una imprudencia temeraria, pues ha producido el resultado de una muerte, en el hecho concadenado de las circunstancias criminales, con lo que la sanción ya no sería la culpa simple o la falta o al menos se situaría en el ultimo grado de la culpa.

    No son tiempos de repudiar o de despreciar la aspiración a la excelencia o a una bien entendida aristocracia como virtud y aspiración que se puede universalizar, pues es una aspiración personal que nadie puede forzar, y que consiste en lo que tú, Gustavo, me exponías en un anterior comentario, que reside en el concepto griego de “virtud” de sobresalir, superar la media en alguna actividad, y que, al mismo tiempo, es una meta que se puede universalizar, pues no es cosa de unos pocos, sino de todos los que emplean parte de su esfuerzo en una actividad profesional o laboral. Así como precisaría el concurso de voces críticas también para no errar la dirección y quedar, en el caso de las profesiones, en puro corporativismo.

    Gracias, Gustavo, por mantener siempre el peso de la información y de la denuncia.

    Muchos saludos cordiales!

    Blandiendo un arco for ethics of virtue!

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