El blog de Gustavo Mata

Estrategia: Las reglas del juego en los negocios

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¿ESPAÑA?: ¡VIVA ESPAÑA!

Como consecuencia de la crisis financiera la recesión ha llegado a las economías de los países de la OCDE. Se prevé para el año próximo una caída del 0,3% en el área. Estados Unidos, decrecerá el 0,9% durante el próximo ejercicio, y la Eurozona el 0,5%. Pero la recesión, dicen, puede transformarse en depresión si sigue el colapso del crédito a las empresas y familias. Veremos qué sale de la reunión del G-20. La recesión, probablemente, como todas, será duradera.

¿Y en España qué? ¿Será la crisis mayor y más larga que en los demás países desarrollados, como pronostican todos? Dicen que nuestra economía necesita una reconversión fuerte; que nuestro modelo de crecimiento estaba basado en el ladrillo; que falta mejorar nuestra productividad; que nuestro déficit exterior es tremendo; que la productividad española no crece. Y es verdad. Pero le vamos a dar la vuelta a todas las variables negativas a gran velocidad; ya lo estamos haciendo. Los agoreros se olvidan de nuestra, hasta hace nada, pujante demanda interna, que se puede volver a levantar a poco que la situación mejore; y se olvidan también de que hay una tremenda demanda latente de viviendas capaz de absorber el gran exceso de oferta, en cuanto se ajusten los precios de los inmuebles y se vuelva a abrir el crédito a tipos más razonables -en los que ya estamos – aunque no se concedan créditos a tan largo plazo como los que se venían concediendo –hasta a cincuenta años se han dado- . En España hay aún mucha gente sin vivienda propia y mucha gente que demandará una segunda vivienda en cuenta tenga una opción de comprarla. Hay también muchos jubilados europeos que adoran nuestro sol y ansían tener una vivienda para envejecer en la costa española beneficiándose de nuestra excelente red asistencial de salud pública y de nuestra manera de vivir. Siguen llegando inmigrantes y lo seguirán haciendo pese a quien pese, de una u otra manera, y también con la crisis, porque estamos en la frontera con mayor desigualdad del mundo: la que hay entre una y otra orilla del Mediterráneo, y porque acogemos a los extranjeros mejor que nadie, como demuestra la historia reciente, y eso es un valor tremendo del que muchos no se dan cuenta. Por nuestra forma de ser y nuestros valores somos capaces de soportar mejor que otros países una tasa de paro del 15 %. No pasará nada grave pese a los que anuncian conflictos apocalípticos. Pese a las rigideces estructurales de nuestra economía, de las que todos hablan y que nadie se atreve, de momento, a corregir, por no lesionar intereses corporativos de colectivos favorecidos -que las llaman derechos adquiridos a los que no quieren renunciar-, España va a salir de la crisis al menos al tiempo que las demás economías europeas sino antes, como firmemente creo; sobre todo si los políticos aprovechan para hacer las reformas estructurales promoviendo el acuerdo entre los agentes sociales como se ha hecho en el pasado; sobre todo si los eficientes bancos españoles deciden renovar su apuesta por este dinámico país y se ponen al ataque; y, sobre todo, si entre todos nos creemos lo que somos, una nación que mira al futuro con optimismo, pese a los agoreros de siempre que una vez tras otra hacen previsiones sobre España que siempre fallan, porque España va siempre mejor de lo que todos prevén.

En España somos capaces de trabajar muy duro, desde siempre, y tenemos una generación mucho mejor preparada que las anteriores; más allá de que el sistema educativo sea perfectible, cada vez hay más gente preparada y mejor preparada. Los inmigrantes no son sólo mano de obra sin cualificar, uno de cada cuatro es un emprendedor y todos tienen una gran ambición de mejorar.

Más allá de las circunstancias objetivas y pese a quien pese, que diría D. Marcelino Menéndez-Pelayo, tenemos ventajas competitivas difíciles de copiar. Estoy seguro, porque en toda mi ya larga vida siempre ha sido así, que España va a tener otro milagro económico más a la salida de esta crisis. Lo veréis. ¡Preparaos!

No vamos a salir mañana. Nos queda un trecho largo y duro de crisis por pasar, pero saldremos antes que todos esos que pronostican lo contrario.

TEORÍAS

La base inicial de la teoría es la observación atenta de lo que ha ocurrido – inicialmente se acota lo que ocurre -, luego – mediante la especulación teórica – se explica lo ocurrido y por fin se articula la teoría completa. Cuando es así, cuando la teoría explica bien lo ocurrido, se adopta socialmente de forma masiva y se instala como un dogma. Y, a partir de ahí, se aplica para la interpretación de los nuevos fenómenos que se observan y para la predicción de lo que pueda ocurrir. Todas las teorías son formalizaciones simplificadoras de la realidad que tratan de explicar y justificar aquello que ya nos ha ocurrido.

Las personas necesitamos respuestas a nuestras preguntas, lo ignoto nos llena de ansiedad y sufrimos en medio de la cavilación y la duda; cuando por fin, instalada la teoría, todo tiene explicación, porque al fin hemos descifrado el código, porque dominamos el arcano y ya tenemos las claves para interpretar lo que ocurre, nos tranquilizamos. Se acabaron las preguntas y las dudas, ahora es el tiempo de las respuestas, el tiempo de las certezas. Esto es más confortable, no hay duda. Ante la perplejidad paralizante que nos atenaza cuando no entendemos algo, la teoría que lo explica, lo justifica y lo integra nos sirve de bálsamo social. La aceptación de los principios de la teoría provoca la desaparición de la ansiedad social y, aceptadas las bases por todos, puede comenzar la explotación de la teoría en la práctica: basándose en la teoría se desarrolla la ciencia y basándose en la ciencia se desarrolla la técnica.

Las teorías sirven para explicar lo que ya ha ocurrido, aunque, ya instaladas y aceptadas, pronto tratan de prevenir lo que nos pueda ocurrir. Pero la realidad social es tan cambiante y las teorías – por necesariamente simplificadoras – son tan inexorablemente parciales e incompletas que pronto aparecen nuevas evidencias experimentales que contradicen la teoría instalada. ¿Qué hacer entonces? La reacción social ante hechos que no somos capaces de entender, porque no se ajustan a las presunciones en las que están basados los paradigmas que integran la teoría establecida, no es nunca cuestionar la teoría sino más bien negar la evidencia, ocultar el hecho, o al menos intentar manipularlo o modificarlo. Parece mentira, pero así ha sido en la historia y así seguirá siendo; este comportamiento está en la naturaleza social del ser humano. Cuando se empiezan a acumular evidencias en contra de la teoría establecida nadie la pone en cuestión, antes preferimos no mirar lo que está pasando. Algunos individuos – usualmente los raros, los marginales, los rebeldes, los contestatarios, etc. – empiezan a protestar ante el embalsamiento de la realidad que supone la actitud mayoritaria de negar la evidencia, y son reprimidos y castigados por su actitud; los instalados, los oficialistas, los laureados, los académicos se aferran al paradigma apasionadamente y lo defienden a pesar de que cualquiera que no estuviera envuelto socialmente en la teoría, abrigado por ella, protegido por ella, y que conservara la lucidez, podría ver nítidamente lo que ocurre.

Al final, por acumulación de evidencias inexplicadas, y negadas pese a la evidencia, la crisis es inevitable; de pronto el castillo de naipes se desmorona, la teoría se derrumba y la perplejidad se instala en medio de la sociedad. Cuando la crisis se instala en nuestras mentes siempre es demasiado tarde. No nos hemos dado cuenta de que algo inexplicable e inexplicado ocurría y de pronto, cuando nos enteramos, cuando descubrimos la realidad, es después de que todo ya ha estallado bajo nuestros pies con estrépito.

Entonces cunde el pánico. Las crisis siempre son largas y la salida siempre es dolorosa. Los nuevos formuladores de paradigmas verdaderamente dignos de ser tomados en cuenta, tardan en ser aceptados. Cuando finalmente se encuentre el camino la rueda empezará de nuevo a rodar, comenzando un nuevo ciclo. En esos momentos, muchos de los que antes negaban la realidad, con tal de preservar la tranquilidad, serán capaces de aceptar alguna teoría insensata con tal de que la explicación que les dé les permita recobrar la tranquilidad. Es también el tiempo de los falsos profetas, de los curanderos, de los magos,…

¡Cuidado! Detrás de los científicos sanamente escépticos que formulan sus teorías, hay muchas veces malintencionados cínicos. A esos cínicos les trae sin cuidado la teoría, lo único que les interesa es arrimar el ascua a su sardina sea cual sea la circunstancia. Atentos, en estos tiempos de crisis, a los falsos profetas y sobre todo a los cínicos manipuladores que pronto aparecerán tratando de volver a sacar tajada.

En el siglo XIX y el primer tercio del XX la teoría económica instalada era el liberalismo, el paradigma era el libre mercado. Según los liberales dogmáticos la mano invisible de Adam Smith lo arreglaba todo; pese a que para él, para Smith, el mercado no lo arreglara todo, para sus epígonos dogmáticos sí. La respuesta a todos los problemas era dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda hicieran su trabajo. Pero la crisis del 29, con su crash y su Gran Depresión posterior, se encargó de evidenciar que la teoría liberal ni explicaba todo ni, mucho menos, resolvía todo. Unos años después, en 1936, Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero que estableció las bases de la moderna intervención estatal a gran escala en la economía. De nuevo todo estaba explicado y sabíamos lo que había que hacer. No sólo había que ocuparse de la política monetaria, también estaba el Presupuesto para activar la economía desde el Estado. Pero, poco a poco, con el paso del tiempo, los cínicos empezaron a alentar las viejas tesis, aunque disfrazadas de novedades: surge entonces el neoliberalismo abanderado por la Escuela de Chicago y poco a poco su influencia se va agrandando hasta llegar a invadir de nuevo todo. Años más tarde, hoy, de nuevo la catástrofe pronosticada por algunos y negada por casi todos se produce.

¿Qué nuevo paradigma se instalará ahora? ¿Quién será el nuevo Keynes? ¿Cuánto tiempo tardarán después en volver a predicar los dogmáticos la siempre vieja buenanueva de que el mercado lo arregla todo, manipulados como siempre por los cínicos, que tratarán otra vez de aprovecharse? ¿Cómo lo llamarán? ¿Neo-neo-liberalismo?