25 oct 2026 · @Gustavo
El jueves 30 de octubre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vota la renovación de una misión de la que en España casi nadie ha oído hablar: la MINURSO. Y, sin embargo, pocas decisiones de la ONU afectan tanto a España como esta.La MINURSO nació en 1991 con un encargo preciso: vigilar el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario y organizar un referéndum para que la población del Sáhara Occidental decidiera su futuro. El alto el fuego se mantuvo casi treinta años, hasta que el Polisario lo dio por roto en noviembre de 2020. El referéndum nunca se celebró: las partes no se pusieron de acuerdo sobre quién podía votar. La misión siguió renovándose cada año, con su nombre (Misión para el Referéndum) como recuerdo de un objetivo que se fue alejando.
Eso es lo que podría cambiar esta semana. El borrador de resolución presentado por Estados Unidos, según lo publicado por la prensa, propone considerar la autonomía bajo soberanía marroquí como la única solución viable, cambiar el nombre de la misión para que deje de mencionar el referéndum, reducir su componente militar al menos a la mitad y convertirla, desde mayo de 2027, en una misión política. Es el paso siguiente a la resolución de octubre de 2025, que ya situó el plan de autonomía marroquí como base de la negociación con 11 votos a favor, ninguno en contra y las abstenciones de China, Rusia y Pakistán.
Tres lecturas de un mismo texto
Para Marruecos, sería la culminación de dos décadas de diplomacia. Desde que presentó su plan de autonomía en 2007, Rabat ha sumado el reconocimiento de Estados Unidos (2020) y el apoyo de España (2022), Francia (2024) y el Reino Unido (2025). Para Marruecos el Sáhara no es un asunto exterior más: Mohamed VI lo definió en 2022 como el prisma a través del cual el país mira su entorno.
Para el Frente Polisario, el borrador entierra el derecho de autodeterminación que las propias Naciones Unidas reconocieron durante décadas. Su representante ante la ONU ha advertido de que, si se aprueba sin cambios sustanciales, el Frente abandonará el proceso de paz. Argelia, que acoge a los refugiados saharauis en Tinduf y respalda al Polisario, no participó en la votación de 2025 y rechaza que la autonomía sustituya al referéndum.
Para buena parte de la comunidad internacional, el texto reconoce una realidad: tras treinta y cinco años sin referéndum, la autonomía es la única propuesta sobre la mesa con apoyos suficientes. Sus críticos responden que una solución impuesta sin el consentimiento de una de las partes difícilmente será estable. Ambas posiciones tienen argumentos, y conviene conocerlos antes de opinar.
Por qué importa en España
España no es un espectador. Fue la potencia colonial hasta 1975 y abandonó el territorio sin completar su descolonización; para Naciones Unidas, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo. En marzo de 2022, el Gobierno calificó el plan marroquí como la base más seria, realista y creíble para resolver el conflicto. Aquel giro cerró una crisis bilateral grave con Rabat, la de Ceuta en 2021, y abrió otra con Argel.
Pero el Sáhara importa sobre todo porque está conectado con casi todo lo demás. Con la pesca: la flota española dejó de faenar en aguas marroquíes en 2023, y el Tribunal de Justicia de la UE resolvió en 2024 que los acuerdos comerciales y pesqueros con Marruecos no pueden aplicarse al Sáhara sin el consentimiento de su pueblo. Con Canarias: la delimitación de las aguas al oeste del archipiélago depende en parte de cómo se resuelva el estatuto del territorio. Con la energía: desde 2022 Marruecos recibe gas desde España por el gasoducto que antes traía gas argelino, y Argelia sigue siendo uno de nuestros grandes proveedores. Y con la migración, la cooperación antiterrorista y el comercio: España es el primer socio comercial de Marruecos.
La relación entre España y Marruecos se parece menos a una sucesión de crisis que a un sistema de vasos comunicantes. Cuando sube la presión en un punto, el Sáhara sobre todo, se nota en la frontera, en los puertos, en las lonjas y en el Parlamento. Y cuando la relación se estabiliza, lo hace porque millones de personas, empresas e infraestructuras tienen interés en que funcione.
Lo que conviene vigilar
Sea cual sea el resultado del jueves, merecen atención tres cosas. La primera, si el Polisario cumple su amenaza de abandonar el proceso, y qué hará Argelia. La segunda, cómo encaja la Unión Europea una resolución de la ONU que va en una dirección y unas sentencias de su propio tribunal que van en otra: de ello depende, entre otras cosas, el futuro de nuestra flota pesquera. La tercera, si en España se abre por fin un debate informado sobre el Sáhara, más allá de las consignas.
Entender lo que se vota el jueves no obliga a tomar partido. Pero sin entenderlo es difícil comprender qué pasa en Ceuta, en Canarias o en el puerto de Barbate.
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