El blog de Gustavo Mata

Estrategia: Las reglas del juego en los negocios

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MICROECONOMÍA DE CONTRASTE PARA NEOLIBERALES CONVERSOS. LECCIÓN 5

LA ELASTICIDAD DE LOS PRINCIPIOS O LOS MACARRAS DE LA MORAL

Todos los que tenemos alguna idea de economía sabemos que cuando pequeñas variaciones de los precios afectan mucho a la demanda de un producto hay una alta elasticidad de la demanda frente al precio. Es la elasticidad precio demanda. Hoy, gracias a la crisis – no hay mal que por bien no venga -, descubrimos un nuevo concepto relacionado que ponemos en circulación: la elasticidad de los principios – son las ventajas para la ciencia del análisis comparado – .

Aunque el concepto es tan viejo como el hombre: “sostendremos inquebrantablemente nuestros principios… ¡mientras nos convenga!” Y, como dicen en mi pueblo: “¡viva Dios que nunca muere y si muere resucita!”.

Leo que la CEOE reclama «un paréntesis» en el libre mercado para atajar la crisis. ¡Buena idea! Así que después de tanto dar la barrila con el libre mercado, ahora ¿lo suspendemos? ¡Vaya por Dios!, me convencen de que el mercado lo arregla todo y ahora que ya me lo había creído resulta que no es así. ¡Vamos hombre! ¡Eso no se le hace a una persona como yo!: o somos o no somos, pero no según estemos; ¿en qué quedamos?

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán dijo – os lo prometo por mi honor que lo dijo – «Creo en la libertad de mercado, pero en la vida hay coyunturas excepcionales. Se puede hacer un paréntesis en la economía de libre mercado»; y pidió al Gobierno “socialista” que sea más intervencionista. «El ICO [Instituto de Crédito Oficial] tiene que buscar soluciones, hacer una excepción y dar avales a los bancos para que financien el circulante de las empresas». Es como si dijera: creo en Dios siempre que cuide de mi salud y mi fortuna, pero si enfermo o me empobrezco suspendo temporalmente mi fe. ¿Os suena?

Eso es una moral elástica y lo demás son rigideces dogmáticas. ¡Qué morro! Podía añadir que el mercado es: «mientras los beneficios me los llevo crudos, las pérdidas las socializamos» ¿Vale?

Y luego, me llamarán a mí demagogo por escandalizarme.

Pero luego dijo más y ahí es donde yo entendí la razón moral última que guía el interés de D. Gerardo: su preocupación por los parados. Dijo: «No he visto ninguna situación como ésta en España ni en el mundo. Si no se toman medidas excepcionales, el paro será mucho mayor de lo que el Gobierno cree». “Y el millón de parados más que pronosticó hace meses, asegura, se quedará corto a medio plazo”. Casi como lo del metro: un tío mal encarado se te acerca y te dice: «es triste de pedir pero más triste es robar, señorito deme algo» lo llamaremos chantajitos coyunturales. O sea el recurso a meter miedo.

Ya lo decía Serrat, los que nos tratan de meter miedo para arrimar el ascua a su sardina son los “macarras de la moral”: “son la salsa de la farsa, el meollo del mal rollo, la mecha de la sospecha, la llama de la jindama; son el alma de la alarma, del recelo y del canguelo, los chulapos del gazapo: LOS MACARRRAS DE LA MORAL”. Eso me parece hoy  el máximo dirigente de la CEOE, un chulo de la moral neoliberal que vive de ella poniéndola a hacer la calle cuando le interesa.

¡Qué mal ejemplo para los jóvenes emprendedores!

Empresarios: ¡No os afiliéis a esas patronales!

Las gestión empresarial en la crisis

Todo cambia, nada permanece; sólo el cambio es permanente”.

Heráclito de Éfeso, 450 años antes de Cristo.

Peino canas -menos de las que me gustaría porque se me ha caído mucho pelo- y ya he visto muchas crisis. Cuando las cosas van mal, muy mal, parece que nunca van a mejorar. Todos se desaniman. Bueno, casi todos. Justo cuando esa impresión es más generalizada hay una segunda o tercera derivada positiva de la variable en declive, que sólo algunos aciertan a ver, y la situación empieza a evolucionar positivamente. Para esos, las crisis son la mejor de todas las circunstancias posibles. También cuando la situación de bonanza dura y dura, justo cuando parece que esta vez la bonanza va a durar siempre, algo imperceptible cambia y todo se viene abajo con estrépito. Sólo algunos lo perciben anticipadamente, y cuando se desencadena la tempestad, ellos están seguros en un puerto abrigado. Los demás lloran.

Crisis, etimológicamente del latín crisis y, a través de éste del griego κρίσις, significa cambio brusco, momento decisivo, situación dificultosa. Crisis es cambio y cambio acelerado, también cambio imprevisible, cambio que crea dudas, que provoca perplejidad, que genera ansiedad, que produce desasosiego,…Pero, ante todo, para vosotros, la crisis debe ser algo que genere esperanza, ánimo, expectativas de mejora; una circunstancia frente a la que merece la pena movilizar el afán de logro, el deseo de triunfo, las ganas de tener éxito,… La necesidad agudiza el ingenio. Hay quien sostiene que κρίσις -crisis- viene de Kρινω, -cribar, discernir; separar la paja del grano-. No sé si es cierto, pero sí sé que en las crisis debemos cribar oportunidades y que la crítica y el criticismo Kantiano -que obliga a cuestionar las cosas y a cribar y discernir los conceptos- es el origen del progreso del conocimiento y de la ciencia.

Los viejos y los instalados solemos ver el cambio, en general y especialmente el cambio brusco, como una fuente de amenazas a nuestra estabilidad, pues pone en cuestión lo que ya hemos logrado, cambia las reglas de un juego para nosotros conocido y dominado en el que nos desenvolvemos con comodidad. Pero ¿y para los jóvenes? ¿Cómo debéis ver los jóvenes el cambio?: no tengo ninguna duda, el cambio, para vosotros, es la fuente de todas las oportunidades; mejor el cambio profundo que el cambio sosegado; las crisis son vuestras amigas, las que os van a permitir posicionaros mejor.

Suelo decir que el cambio es la primera materia con la que trabajan los directivos. Si nada cambiara ¿haríamos falta? Cuando los entornos apenas cambian y el cambio es previsible cualquiera sirve para dirigir. Por eso, en estas etapas y en esos contextos, es cuando se suele nombrar a validos, parientes y toda suerte de recomendados para dirigir. Cuando el cambio se acelera y se hace menos previsible, más profundo, más impactante, más global es cuando hace falta verdadero talento para dirigir, para saber anticipar el cambio, para lograr posicionarse adecuadamente ante él. Por eso, en tiempos de crisis, sólo los que tienen talento son promovidos a los puestos clave. Los que tiene talento y que además sean optimistas, los tristes no sirven para nada.

¡Enhorabuena a los talentosos! ¡En la crisis vais a tener más oportunidades que nunca!

VAMOS A SALIR DE ÉSTA Y VAMOS A SALIR ANTES DE LO QUE DICEN

Hoy nos desayunamos con una sobredosis de crisis. La inflación en el 5%, Sebastián ya habla de recesión, Zapatero de crisis, el consumo de cemento bajará casi en un 20 % en el año, la bolsa baja, la morosidad ya llega al 2 % y se prevé que crezca hasta el 4 %, etc., sube el paro dramáticamente, cierran pymes, etc.

Ahora que todo el mundo dice que esta crisis nos va a afectar más que a nadie y que vamos a tardar más de lo previsto en salir de ella, yo me atrevo a decir que no va a ser así. Anotadlo, para que conste, el ajuste va ser duro y largo, pero vamos a salir antes y mejor de la crisis de lo que prevén todos estos sesudos profetas, y pseudocientíficos agoreros de la catástrofe.

En Agosto pasado anuncié la que se nos venía encima y me llamaron pesimista, ahora ¿qué me llamarán?

¿Por qué pienso que saldremos y que saldremos antes de lo previsto?

Primero porque lo que pasa es natural y lógico que esté ocurriendo: llevamos 13 años de vacas gordas -gordísimas-, con un crecimiento espectacular; ¿cómo no vamos a tener períodos de corrección? Está en la naturaleza de las cosas. Hay crisis porque estamos en la parte mala del ciclo. Pero no tiene por qué ser muy larga. Hemos aprendido mucho de las crisis y de cómo manejarlas a nivel global. Se está notando en el manejo de ésta. Estamos en el área euro. No será tan larga como otras.

Segundo porque la crisis es sobre todo financiera y nuestro sistema financiero está apenas contaminado por la crisis de las subprime . Nosotros, en España, no estamos tan afectados porque éramos más tomadores de dinero que prestamistas. La crisis la tienen los que prestaron sin garantías y los que compraron derivados relacionados con esas deudas de baja calidad. El tema sigue aflorando pérdidas y va a cumplirse un año del estallido. Seguirá aflorando más aún, pero, insisto, nosotros éramos acreedores y eso nos ha dejado bastante al margen del efecto primero, aunque no de los efectos “colaterales”.

Tercero porque aunque la crisis sea en una parte importante inmobiliaria, en nuestro caso la burbuja inmobiliaria y su estallido no es cómo los demás estallidos de burbujas inmobiliarias, por ejemplo el de EEUU o de Inglaterra. Ciertamente la presión de la demanda de pisos -la tradicional forma de ahorro de los españoles; que no va a cambiar de la noche a la mañana- muy acrecentada por la inmigración -que no cesa ni con la crisis, y que son gente curtida en pasarlas canutas, además de que uno de cada cuatro de ellos es un emprendedor y con esos no hay crisis que pueda- junto con la demanda de viviendas de las zonas turísticas alentadas porque muchos europeos deciden pasar sus años de jubilados al sol, junto al abaratamiento del crédito y el aumento de los plazos de devolución propició una escalada de precios sin precedentes de la vivienda; ésta fue aprovechada por los ayuntamientos y los partidos que los sustentan para encarecer el suelo disponible, que ellos controlan, y por muchos tipos de especuladores para entrar en el jugoso mercado de la compraventa. Ahora todo se colapsó atrapando a muchos de éstos, los especuladores. Pero la demanda sigue ahí latente, parcialmente oculta, porque todo el mundo espera a ver qué pasa con los precios. Uno compra cuando el precio le conviene y cuando no espera que el precio baje, en cuanto que se empiece a vislumbrar el fondo de la bajada de precios previsible empezará a moverse el mercado y en cuanto empiece a moverse se moverá de golpe al alza. Los precios estaban inflados sí, pero no tanto como en otros mercados y la demanda aflorará en cuanto haya algo más de confianza. El mercado inmobiliario en España no se va a derrumbar para siempre. La oferta ya se ha ajustado con el parón y la demanda está ahí, esperando, agazapada. Se moverá.

Cuarto, porque la escalada de los precios del petróleo tiene que detenerse. No puede seguir. En cuanto China e India se vean afectadas por la inflación y necesiten modular su crecimiento el precio del petróleo bajará. Pero España debería aprender la lección de esta crisis. Nuestra inflación estructural no se va a corregir a menos que disminuyamos drásticamente nuestra dependencia del petróleo y eso es imposible corregirlo a corto plazo. Esa es la mayor espada de Damócles que pende sobre nuestra economía.

Quinto, porque el déficit público que se va a producir no será dramático si el Gobierno sabe reaccionar -cosa que, hasta ahora, es como para dudar, pero a la fuerza ahorcan-, las cuentas públicas españolas están muy saneadas. Lástima de 400 euros. ¡Vaya imbecilidad!

Sexto, porque el incremento del paro, que va a ser fuerte, se va a digerir razonablemente bien. Siempre ha sido así en España y con el añadido de que una parte importante de la población es inmigrante se digerirá mejor aún. Son más flexibles en su conjunto que la población autóctona.

Séptimo, el déficit por cuenta corriente es más grave y parece difícil de arreglar, aunque estando dentro del área euro la solución y el problema se limita a que a título individual o de empresas, en conjunto, no sigamos endeudándonos o que lo consigamos pese a la situación, porque estemos invirtiendo adecuadamente esa deuda y la banca nos preste.Y si no, a ajustarse.

Octavo, el problema de verdad es que debemos mejorar mucho la productividad. Habría que favorecer la inversión en bienes de equipo, ese sí que es un punto crítico. Y en educación; eso es crítico también. Por otra parte muchas actividades de baja productividad son las que están siendo afectadas por la crisis y se están corrigiendo solas. Lo que hace falta es mejorar en todos los frentes de la flexibilidad y deprisa; os recuerdo: somos el 38º en facilidad para abrir un negocio, el 118º en manejo de licencias, el 154º en facilidades para contratar trabajadores, el 42º en facilidades para registrar propiedades, el 13º en facilidades para conseguir créditos, el 83º en protección de inversores, el 93º en complejidad y carga del sistema impositivo, el 47º en facilidades para el comercio transfronterizo, el 55º en garantías del cumplimiento real de los contratos, el 17º en facilidades para cerrar una empresa. En eso hay que trabajar con firmeza y deprisa pese a quien pese –habrá muchas resistencias que vencer-. ¡Que se apliquen el Gobierno, los Sindicatos, la Patronal y los Diputados! ¡A trabajar qué para eso os pagamos!

La bolsa bajará por lo menos hasta 11000 pronto, luego se sostendrá en ese fondo un tiempo y se estrechará el mercado y de pronto, unos meses después empezará a tirar hacia arriba.

¿Y cuándo ocurrirá todo esto? En el año 2010, a mediados. No falta mucho. Entretanto abróchense los cinturones.

Muchos de vosotros no habéis visto nada de esto. Sólo los que tengáis más de 15 años de experiencia os podéis acordar de la última crisis. Pero se pasan todas, y esta también,

¡Ánimo que nunca llovió que no parara! ¡Y lo dicen en mi pueblo que es uno de los sitios de España en que más llueve!

EL DEBATE DE AYER

Ayer tuvimos ocasión de asistir a un debate inútil. Ni el Presidente del Gobierno, ni el Jefe de la Oposición parecen tener ni idea de economía. Se les nota perdidos e incómodos en el debate. El uno tratando de negar lo evidente en un juego semántico que ya aburre hasta a las piedras y el otro cayendo en la fácil descalificación recurriendo al ofensivo “usted engaña a los españoles” pero sin aportar nada substancial.

¿Es tan difícil decir que el mundo afronta una crisis financiera sin precedentes y que al año, casi, de haberse desatado, y pese a los tremendos esfuerzos del sistema inyectando liquidez no se sabe cuál es finalmente el alcance de las pérdidas que la crisis de las subprime ha aflorado, aunque no paran de crecer las estimaciones y que eso nos tiene paralizados en una crisis de confianza global? ¿Es tan difícil decir que el mundo está sometido a una tensión terrible como consecuencia de la escalada de los precios del petróleo que tiene orígenes claros en el incremento del consumo pero también en la especulación a que los capitales puestos en circulación para atajar la crisis someten a los mercados de futuros? ¿Es tan difícil reconocer que eso provoca una inflación descontrolada en el mundo que obliga a subir los tipos de interés para intentar atajarla?

¿Es tan difícil reconocer que eso en España nos afecta más que a otros porque tenemos una mayor dependencia del petróleo que otras economías que nadie se ocupó de disminuir ni antes ni ahora? Sería oportuno que se hablara de qué se va a hacer al respecto aparte de lo de las bombillas, en serio. ¿Qué hay del debate sobre la energía nuclear?

¿Es tan difícil reconocer que en España estamos más afectados porque nuestra inflación es estructuralmente superior a las del resto de países europeos? ¿Es tan difícil reconocer que nuestro déficit por cuenta corriente va a enfrentarse a serias dificultades porque para que familias y empresas sigan endeudándose como hasta ahora no va a haber dinero disponible? ¿Es tan difícil reconocer que nuestro modelo de crecimiento basado en el ladrillo ha colapsado y el colapso va a dejar temblando nuestro crecimiento y lanzar al paro a muchísima gente? ¿Es tan difícil reconocer que se ha hecho poco por flexibilizar la economía, disminuir la burocracia, aumentar la seguridad jurídica, evitar las corruptelas, mejorar la justicia, mejorar la eficacia de los mercados, etc.? Se podría concretar qué se va a hacer al respecto.

¿Es tan difícil reconocer que los superávit que hemos tenido han dejado a la economía del estado relativamente protegida frente a la crisis pero que si no gastamos en lo que se debe se nos va a ir ese superávit en fuegos artificiales como la broma de los 400 euros?

Lo que pasa lo sabemos todos pero unos tratando de decir que no tienen la culpa llegan a negar la evidencia y los otros en su afán de echarle la culpa al Gobierno de todo se olvidan de contribuir a solucionar el problema. No se habló de los problemas de fondo ni se precisó lo suficiente nada de lo que se propuso.

Seguimos igual, enredando, y esto necesita un cambio de enfoque ya.

EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LOS PECES (EN ESTE CASO EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PRECIOS DE…)

La COAG ha presentado su primer Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) elaborado sobre 25 productos agrarios, y la conclusión es que el precio que percibieron los agricultores por las frutas y verduras que vendieron el pasado mes se ha multiplicado de media por 4,27 al llegar a los consumidores. Más de cuatro veces más caro que en origen. O sea un margen de intermediación del 400%. Para los productos ganaderos: el cerdo se multiplicó por 4,97 veces; la ternera por 4,58; la leche por 2,64; el cordero por 2,62; el pollo por 2,3; los huevos por 2,16; y el conejo por 2,05.

Este milagro de multiplicación del precio es comparable al de la multiplicación de panes y peces evangélico, aunque en esta ocasión no son los pobres hambrientos los beneficiados sino los intermediarios a los que cuesta trabajo imaginar con hambre con semejantes márgenes.

La distribución detallista alimentaria está tan concentrada, y tan integrada verticalmente hacia atrás, que actúa en la práctica como un cártel oligopolístico. Los agricultores y ganaderos actúan en un entorno perfectamente competitivo y se ven forzados a vender sus productos al coste de producción sin apenas más margen que el que permite la retribución de los factores de producción a su coste, cuando lo tienen; a veces venden a pérdida o no recogen las cosechas. Ciertamente el poder de negociación de los mayoristas en origen a la hora de fijar los precios es infinitamente mayor que el de los agricultores, que es nulo, y eso deviene en lo que comentábamos. Si esos mayoristas son ya las centrales de compra de las grandes cadenas de hipermercados y supermercados, o actúan en su nombre, casi como empleados de las mismas, nos encontramos con que se juntan todos los eslabones de la cadena de valor entre el productor ganadero o agrícola y el consumidor final. Está claro que el consumidor final tampoco tiene poder de negociación de los precios. Y que las cadenas sí como prueba el escandaloso margen con el que actúan.

En España tenemos un grave problema de inflación. ¿Alguna idea para atajarlo? ¿Tendrían que actuar las autoridades? La Ley de Defensa de la Competencia 15/2007, de 3 de Julio, creó, una institución independiente del Gobierno, la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), que integró a los antiguos Servicio y Tribunal de Defensa de la Competencia para preservar, garantizar y promover la existencia de una competencia efectiva en los mercados en el ámbito nacional. Tiene atribuidas funciones de arbitraje, competencias consultivas y labores de promoción de la competencia en los mercados. ¿Dónde se han metido? ¿Hay alguien ahí…? O sea que ¡tenemos una Comisión Nacional de la Competencia! ¡Y tenemos una distribución que multiplica por cuatro el precio en origen de estos productos y no pasa nada! ¡Atenme esa mosca por el rabo, amigos! Una propuesta: que le den a los responsables de la CNC un plazo de un mes para que arreglen eso y si no ¡a la calle esa pandilla de ineptos! ¡Son nuestros empleados! ¡Lo que cobran sale de nuestros bolsillos! Por cierto, ¿cuánto cobrará el Jefe de la cosa…?

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