El blog de Gustavo Mata

Estrategia: Las reglas del juego en los negocios

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EL TENIENTE GENERAL D. FERMÍN IRIARTE URDÁNIZ

Como os decía en mi primer post de la nueva temporada, este verano he estado muy entretenido, y aún lo estoy, estudiando el siglo XIX en España. La historia de los pueblos, al menos la de algunos pueblos, es una continua reedición de viejos problemas encallecidos que, con apariencias algo diferentes, pero siendo en el fondo el mismo problema, se presentan una y otra vez.

No entiendo la creciente ignorancia de las jóvenes generaciones sobre nuestro siglo XIX, que encierra las claves de la -también cada vez menos conocida- dramática historia de la primera mitad del siglo XX. La política española actual, con el mal entendimiento endémico entre izquierda y derecha, con partidos que miran más a su interés que al interés real de los que representan, con enfrentamientos radicales que fácilmente devienen en crispación, con la iglesia siempre tratando de influir más allá de lo razonable en todo, con las periferias enfrentadas al estado central, con una discusión siempre abierta sobre la constitución y su reforma, sin acabar nunca de consensuar la forma de gobierno: monarquía o república, sistema bicameral o monocameral, centralismo o federalismo, laicismo o reconocimiento del papel de la iglesia católica, etc., es la reedición enésima de los mismos males que ya nos aquejaron antes. Por eso resulta tan interesante profundizar en la historia. Os lo recomiendo vivamente. Una aproximación fácil y amena es la lectura de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

Alguien dijo -para unos fue Winston Churchill y para otros el filósofo historiador Jorge Santayana, nacido en Madrid, a comienzos precisamente del XIX, pero que vivió en Estados Unidos- que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla, y ese parece ser nuestro caso.

A investigar la historia de mis antepasados -lo que luego se ha convertido, como os decía, en mi principal entretenimiento veraniego- me llevó inicialmente el deseo de que mi pariente mejicana Elvira Fernández Gascón supiera algo más de lo que sabía de su familia española. Elvira es hija de Roberto Fernández Balbuena, de quien ya os he hablado alguna vez, que era tío carnal de mi madre. Roberto, que tuvo un papel protagonista en el salvamento de las obras del Museo del Prado, bombardeado por los aviones de Franco durante la contienda civil, hubo de emigrar al final de la Guerra. Sus hijas Guadalupe y Elvira, son mejicanas, y, concretamente Elvira deseaba saber algo más sobre su familia de lo que sabía

Uno de los personajes de la familia de los que he recuperado bastantes detalles es D. Fermín Iriarte, abuelo materno de dos de mis bisabuelos maternos, Socorro Balbuena Iriarte, e Isaac Balbuena Iriarte, que eran, como es fácil deducir de la coincidencia de apellidos, hermanos, ambos hijos de Cayo Balbuena López y Asunción Iriarte de los Cuetos. Resulta obvio, por tanto, que mis abuelos maternos, Gustavo Fernandez Balbuena y Asunción Alonso Balbuena, ambos bisnietos de D. Fermín Iriarte, eran primos carnales. La hija de D. Fermín, Asunción, es pues doblemente tatarabuela mía y D. Fermín mi, doblemente también, abuelo 4º.

De D. Fermín había un grabado en casa de las hermanas de mi abuelo Gustavo, y nosotros niños no sabíamos muy bien quién era el caballero: un señor de uniforme de época, muy serio, que te miraba desde el grabado con expresión adusta. Sabíamos simplemente que era un familiar militar laureado y poco más.

Pues bien, después de mi investigación veraniega sé que D. Fermín alcanzó en su carrera militar el grado de Teniente General. Héroe de la Guerra de la Independencia y de la primera Guerra Carlista, en la que llegó a ser Mariscal de Campo, está condecorado, entre otras muchas medallas, con la Cruz Laureada de San Fernando -la mayor condecoración que se puede otorgar en España por méritos de guerra, reservada a los actos de mayor heroísmo-; fue declarado en tres ocasiones benemérito de la patria por el Congreso y fue Senador del Reino por Santander, por elección popular, en la legislatura constituyente de 1844-1845.

En los Episodios Nacionales de Galdós y en las memorias del General Espoz y Mina se refieren en varias ocasiones a D. Fermín, a su legendario valor y a sus capacidades como estratega militar.

Os relato brevemente su biografía. Nació D. Fermín Iriarte Urdániz el 12 de Abril de 1789 en Urriza, en el valle de Imoz, en Navarra. Es descendiente de los Iriarte del valle de Larraun. Se educa en Pamplona en donde comienza a los trece años a estudiar Comercio, pero a los diecinueve, el 12 de Abril de 1810, a consecuencia de la invasión Napoleónica y de la Guerra patria para combatirla, se incorpora como soldado en el Regimiento IV de Navarra. Poco tarda en entrar en combate: el 4 de Agosto de ese mismo año toma parte en la toma de la guarnición de Puente la Reina. En 1811, formando parte del Regimiento I de Vizcaya, toma parte en muchas acciones de guerra de la campaña del Norte: Vergara, Azpeitia, Villareal, Elgoibar, Ataun, Tolosa, Villafranca… En ese mismo año es tentado por el general francés que mandaba en San Sebastián, con una gran oferta económica para incorporarse como Oficial a su bando, que Iriarte, simplemente, desprecia. En 1812 prosigue la encarnizada campaña en el Norte; Iriarte interviene en las acciones en Arechavaleta y Mondragón; en Febrero, por méritos de guerra, es nombrado Capitán y como tal interviene en Hernani, Orozco, Loyola, Legorreta, Alegría, Lequeitio y Motrico; en Octubre es ascendido a Teniente Coronel, sitiando Santoña; en Diciembre es ascendido a Coronel. En 1813 y 1814 se distingue en innumerables combates: en Durango, Hormaztegui, Villareal, altos de Segura, Sos, Castillar, y a las órdenes del general Mina batalla contra la división del General París y contra la columna del General Pacombini; también participa en las acciones contra la retaguardia de la columna del rey títere José Bonaparte y en el sitio de San Sebastián. La Guerra de la Independencia está acabando.

Carlos IV, después del conflicto con su hijo y heredero, había abdicado en Fernando VII, pero Napoleón, que “invade pacíficamente” España, les obliga a pactar su renuncia a ambos, a favor del Rey José Napoleón, hermano del propio Emperador -el famoso “Pepe Botella”-. Después del levantamiento popular de 1808 contra los franceses y después de la Guerra de la Independencia, en donde tantos españoles derramaron heroicamente su sangre luchando contra el invasor francés, en 1814, regresa al trono de España Fernando VII. Pero defraudando todas las expectativas y aprovechando el apoyo popular del que disfrutaba -él era inicialmente “el Deseado”- reinstala el absolutismo y elimina la Constitución liberal de Cádiz de 1812: “la Pepa”. Esta etapa inicial del retorno de Fernando VII es conocida como el sexenio absolutista. Es entonces cuando los países americanos empiezan a independizarse del poder colonial. Otro de mis antepasados -José Joaquín Fernández, gallego de Pontevedra- estaba entonces en Perú, casado con una ñusta peruana, Cayetana Bastos, y a punto de que su hijo Manuel, otro de mis tatarabuelos, naciera; pronto, probablemente por el fin de la colonia, deberían regresar a España-.

De 1815 a 1820, está Iriarte acuartelado en los regimientos de Vitoria y Borbón. Es en esa época, el 20 de julio de 1816, cuando el joven Coronel Iriarte se casa con la aún más joven, tenía tan sólo 16 años, Josefa de los Cuetos Riaño, de una muy noble familia santanderina.

En 1822, Riego se subleva y obliga al Rey a jurar la Constitución de 1812 y se instala el llamado Gobierno de los exaltados -que suprimió los privilegios de clase y obligó a la Iglesia y a la nobleza a pagar impuestos y que comenzó una tímida reforma agraria-. En ese año interviene Iriarte contra los facciosos absolutistas levantados contra el gobierno Alonso Cuevillas y el General Quesada: en el valle de Mena, en Aranzazu, en Barairain, en Nazar y Asarta y en Peñacerrada. Finalmente ese año pasa como Coronel al Regimiento España. En 1823 se bate de nuevo contra Cuevillas y Castor: en Quinco, Berrón, Balmaseda y Sodupe; también combate a fuerzas francesas en el sitio de La Coruña hasta la rendición de la plaza.

El rey Fernando VII usa todos sus poderes para boicotear al gobierno liberal y en 1823, con la intervención de nuevo del ejército francés -los llamados cien mil hijos de San Luis- vuelve otra vez el absolutismo. Y con él una tremenda represión contra los liberales: es la llamada Década Ominosa. El Coronel Iriarte, adicto y defensor de la Constitución, está, entre 1824 y 1832, primero prisionero y más tarde exiliado.

Pero en 1833, a la muerte de Fernando VII, el enfrentamiento entre liberales y absolutistas se recrudece y adopta la forma de un pleito dinástico entre el hermano del rey difunto, el infante D. Carlos María Isidro -llamado por los carlistas Carlos V-, furibundo absolutista y dogmático católico, y la viuda del rey, Doña María Cristina, quien aprovechando la abolición de la ley sálica, defiende como Regente el reinado de la niña Isabel II y las ideas liberales, frente a las pretensiones de su cuñado. Es la I Guerra Carlista: un tremendo enfrentamiento civil. El coronel Iriarte regresa entonces a España para defender de nuevo sus ideales. El 10 de Octubre de 1833, recién regresado, un muy influyente viejo cura carlista le ofrece a Iriarte la faja de General y 10.000 duros si acepta unirse a los partidarios de D. Carlos poniéndose al frente de una partida de voluntarios realistas de las merindades de Asturias, Castilla y Cantabria. A estas alturas ya sabemos lo que contestó Iriarte. En ese mismo mes se presenta a las autoridades legales en Santander y es encargado de formar el Cuerpo de Cazadores de Montaña que, con algo más de 300 hombres, se enfrenta, en los primeros momentos de la Guerra, a las fuerzas carlistas que pretendían concentrarse en Torrelavega. Es la famosa acción de Vargas del 3 de Noviembre de 1833. El día anterior ya había hostigado Iriarte a las columnas de Pedrosa y Villanueva en la Hoz de Anero. Pero el día 3 se abate por sorpresa sobre dos batallones que con más de 600 caballos iban al mando del canónigo Echevarría y el Coronel Ibarrola, y les derrota completamente haciéndoles más de 100 prisioneros, entre los cuales estaba el propio Ibarrola. Esa acción, hábilmente explotada desde el punto de vista propagandístico, fue la clave de que Santander y Asturias no cayeran en manos carlistas al comienzo del conflicto. El Coronel Iriarte, como consecuencia de esta acción, después de casi 19 años en ese empleo, fue ascendido por el Gobierno de S.M., de nuevo por méritos de guerra, a General de Brigada. La acción del Puente de Vargas está en el imaginario colectivo cántabro con tintes de leyenda y hay hasta un himno que la conmemora. Ese año -1833- sostiene Iriarte combates con las facciones de Vizcaya en Guernica y con las tropas de Castor en Catao y Galdámez. En el año 1834 continúa hostigando a Castor en Gordejuela, en Sodupe y en la Concha de Carranza. También traba combate con las facciones alavesas al mando de Cuevillas en Valpuesta, y sigue combatiendo a Castor, Arroyo y Bárcena en las alturas de Montehermoso. Más tarde en Marqueniategui cae sobre Ceberio y de nuevo combate a Castor en Sigüenza, Ampuero y Arcalao. Termina ese año combatiendo a las facciones vizcaína, alavesa y guipuzcoana en Gorbea. En 1835 combate al mítico general carlista Zumalacárregui en Hormaztegui, lucha contra Eraso en Villerana y en Villaro y en Guernica contra la facción vizcaína y parte de la guipuzcoana. Es nombrado Comandante General de Santander y de las Encartaciones. En 1836 es además Comandante General de Vizcaya y Guipúzcoa, estando en primera línea en San Sebastián y San Bartolomé. En 1837 está en la toma de las líneas de Ozcomendi y en el Barrio de Loyola en Bilbao, y más tarde en Gantelec, Lecumberri, Arróniz y Murquez. Ese año es promovido a Mariscal de Campo y pasa a mandar un cuerpo de ejército. Participa en la batalla de Chiva, en la acción de Linares y en la de Aranzueque, en Retuerta y la Huerta del Rey. En 1838 tuvo la gloria de ser protagonista en la persecución a la expedición carlista al mando del Conde Negri, en la que con un tiempo infernal, bajo un gran un temporal de nieve, que le ocasiona incluso bajas entre su tropa por el tremendo frío, se internó en los bosques de Liébana y pasó hasta Reinosa y Aguilar de Campoo persiguiendo incansablemente durante 42 días a los carlistas en retirada batiéndolos en Bendejo y en Mayorga, facilitando que Espartero los alcanzara en Piedrahita e hiciera prisioneros a más de 2.000 hombres. El Congreso aprueba que el General Iriarte había merecido bien de la patria por esta acción.

En 1839 es General en el Campo de Gibraltar, y en 1840 en Valencia, pero en este año se produce el pronunciamiento de Espartero, renuncia María Cristina a la Regencia y se nombra Regente a Espartero. De nuevo Iriarte, siempre fiel a su ideario, ha de partir al exilio. En 1843, con el levantamiento de los llamados moderados contra Espartero, regresa a España y es nombrado segundo cabo de la Capitanía General de Burgos y más tarde, de 1844 a 1846 desempeña el mismo cargo en Valladolid.

En la legislatura constituyente de 1844 es elegido Senador por Santander.

En 1846 es ascendido a Teniente General.

El Teniente General Iriarte acumuló más de sesenta años de servicio. Gran Cruz de San Hermenegildo, Gran Cruz de Isabel la Católica, Placa sencilla y Placa laureada de San Fernando y otras varias condecoraciones por hechos de guerra le honran. Por tres veces a lo largo de su carrera, como decíamos más arriba, fue declarado benemérito de la Patria por el Congreso.

¡Vaya ejemplo de heroísmo y de coherencia ideológica en tiempos bien turbulentos! Es un orgullo ser su descendiente.

Otro día seguiré contándoos cosas de algunos de mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos para repasar de paso un poco de historia de nuestra querida España.

Espero que hoy, al menos, os haya entretenido.

JUANA MARÍA ROMERO CAMPILLO. IN MEMORIAM

El viernes por la tarde y el sábado por la mañana estuve, como hago todos estos fines de semana de Enero y Febrero, dictando clases en Zaragoza, en la Universidad de San Jorge. Era el colofón de una semana dura, con muchas clases en IEDE, en CECO, en la Universidad Complutense, en el CSE… Cuando regresaba a Madrid en el AVE, relajado, leyendo a Cabrera Infante, medio dormido, pensando en el descanso, me llegó una de esas noticias que uno nunca desearía recibir; una de esas que cuando ocurren, aunque sean esperables y esperadas, uno se resiste a aceptar.

Amigos, hoy estoy muy tocado. Seguro que no estoy muy inspirado para escribir nada. Pero necesito sentirme cerca de vosotros y escribir un poco. Y sobre todo me apetece hablaros de una persona grande; alguien muy especial para todos la que la hemos conocido. Una persona que se acaba de ir. Que se ha ido de puntillas. Como ha hecho siempre. Sin llamar la atención. Tratando de no molestar a nadie. Obsesionada con eso. Una mujer con un personal estilo de estar y, sobre todo, de no estar.

Juana María Romero, Juani, acababa de dejarnos. Cuando su marido, mi amigo del alma Andrés Carrillo me lo estaba comunicando el sábado no pude dejar de pensar que Juani había tenido conmigo el detalle de irse en el único momento en el que mi agenda me permitía acercarme a Cartagena para despedirme de ella y para estar cerca de Andrés y sus hijos. Me obsesionaba eso: no poder estar allí. Ella era así. Discreta. Detallista. Pero eso no le impedía ser genuina, generosa, simpática, abierta, maravillosa… con quienes consideraba suyos.

Juani: ¿cómo puede ser tan grande hoy tu ausencia? Como era de esperar en alguien como tú, nos hemos terminado de enterar de lo grande que eras, y eso que creíamos tenerlo claro, midiendo el vacío que nos has dejado a todos cuando te has ido. Todos nos hemos sentido así: vacíos. Se podía palpar hoy mientras te despedíamos.

Pero nos has dejado un vacío lleno. Un vacío lleno de ti. No te vas de mi cabeza, ni la de mi esposa; estoy seguro de que todos los que hemos estado despidiéndote estamos igual. Añorándote. Llenos de tu ausencia.

Siempre fuiste así. No te gustaba hacerte presente, no querías mostrarte como eras de verdad. Eras discreta hasta el extremo. Sólo cuando te sentías totalmente rodeada de amigos te mostrabas como realmente eras. No era un tema de que te gustaran las distancias cortas. Aunque fuéramos muchos los que estuviéramos contigo, si te sentías rodeada de amigos eras tú. Genuina. Y eras una sorpresa: ¡qué maravilla de mujer! ¡todo espontaneidad! ¡todo gracia y simpatía! ¡cuántos ratos inolvidables hemos pasado juntos!

Se notaba hoy lo que eras -y lo que nos enseñaste a todos a ser con tu ejemplo: sin solemnidad innecesaria, con tu naturalidad, con tu sencillez y con tu gracia y alegría-, viendo la sobrecogedora entereza de tu marido y la dolorida serenidad de tus hijos. Y se podía notar tu huella viendo la perplejidad ante tu ausencia de todos los que estábamos allí contigo.

Tú tenías la capacidad de llenar, sencilla y discretamente, el espacio a tu alrededor. ¡Cómo se siente que no estés! ¡Cómo se te echa de menos! Pero, Juani, vas a durar mucho más de lo que nos has durado a los que te hemos tenido. Vas a estar con nosotros, muy presente, mientras los que te conocimos te recordemos. En Andrés, tu marido, vas a estar presente cada segundo; en tus hijos y en tus nietos estarás siempre; en toda la familia y en todos tus amigos estarás presente por la eternidad que seamos capaces de construir en el recuerdo que te mereces.

Un beso más amiga. El más especial de todos para ti. El que tú te mereces.

EL TÍO ROBERTO

Cuando era niño, en casa, oía a menudo hablar a mi madre de su tío Roberto. Siempre lo hacía con un inmenso cariño. Pese a que no le conocí, le tengo verdadero afecto. Ya se sabe: las madres, sobre todo lo demás, saben trasmitir cariño y transferir cariño. En el caso del tío Roberto, conmigo, lo logró. Me encanta contribuir a conservar su memoria; es como volver a estar hablando de él con mi madre. Por eso os escribo sobre él.

Este fin de semana, en Cuernavaca, Morelos, México, he conocido a su hija Elvira Fernández Gascón, – prima carnal, por tanto, de mi madre, economista, socióloga y, sobre todo, escultora – y a su hija Julieta y a su nieto Luis. He viajado allí con mi esposa, con mis hijos, los que viven aquí en Querétaro, y con mis dos nietos mexicanos. Ha sido muy emocionante. Poder abrazar bien fuerte a alguien tan cercano en la memoria y tan ausente durante toda tu vida es algo que impresiona.

Y todo gracias a este blog. En Junio pasado, estando yo en México mientras el Presidente de México visitaba España – en donde el Congreso y el Senado en sesión conjunta le agradecieron lo que hicieron los mexicanos por el exilio español en tiempos de Lázaro Cárdenas – escribí un emocionado post dando las gracias a México por haber acogido al exilio español republicano después de la Guerra Civil como lo acogieron. Entre los acogidos estaba el tío Roberto. Ese post lo vio Katinka Gallego, biznieta de una hermana de Roberto -Consuelo- y me ha puesto en contacto con Elvira. Así se ha hecho posible este encuentro.

Pero ¿quién era el tío Roberto? Roberto Fernández Balbuena nació en Madrid el 29 de Noviembre de 1891, hijo de Gustavo Fernández Rodríguez – mi bisabuelo -, General de Ingenieros de la Armada y Académico de la Real Academia de Ciencias, y de Socorro Balbuena Iriarte. Desde niño muestra un gran talento para el dibujo y la pintura. En 1905 ingresa en la Escuela Superior de Arquitectura, junto con su hermano Gustavo Fernández Balbuena -mi abuelo- . Ambos terminan la carrera en el año 1914 con el número 1 y 2 de su promoción. De 1916 a 1919 Roberto reside en Roma, pensionado por la Real Academia de Bellas Artes. A su regreso es profesor de la Escuela Superior de Arquitectura y profesor de la Escuela de Artes y Oficios. Trabaja como arquitecto con su hermano al que estaba muy unido. Publica dibujos y artículos en la Revista Arquitectura, fundada en 1918 por Gustavo. Y sobre todo, pinta. En 1931 Gustavo desaparece en el mar frente a las costas de Andraitx durante un crucero que realizaba con su esposa y su hija mayor –mi madre-. En ese momento él tenía 43 años y estaba en plena madurez creativa como arquitecto y como urbanista. Otro día os hablaré de él. A partir de la muerte de su hermano, Roberto se centra en la pintura; esa es su verdadera vocación. Recibe la Medalla de oro del Salón de Otoño de Roma (1925), y la Medalla de plata en la Exposición Nacional de Madrid (1927), -ya había recibido el Gran Premio de Roma (1914) entre otros reconocimientos.

Durante la Guerra Civil Roberto Fernández Balbuena tuvo un destacadísimo papel para la conservación del patrimonio artístico de España. Se puede decir que gracias a él, y al equipo que trabajó a sus órdenes, éste no sufrió daños importantes durante la misma. A partir de 1936 Roberto fue Delegado de la Dirección General de Bellas Artes y Presidente de la Junta Delegada de Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico Nacional; y desde 1938 Subdirector del Museo del Prado – realmente Director, pues éste, Pablo Picasso, nunca llegó a tomar posesión -. Roberto Fernández Balbuena, en 1937, junto con Sánchez Cantón, Alberti, Renau y Ceferino Colinas, salvó los tesoros del Museo del Prado, transportando sus colecciones a Valencia, bajo el bombardeo aéreo, en un enorme convoy formado por más de treinta grandes camiones. En 1939 es nombrado Comisario para la Exposición Universal de Nueva York, después Agregado Cultural en la Embajada de Suecia. Al final de la Guerra llega a Francia y organiza, junto a José Bergamín y Juan Larrea la acogida de los intelectuales españoles que se han visto obligados a abandonar España. Gestionan la posibilidad de que algún país afín a la causa de la República les dé asilo. México es el país que de modo más generoso y explícito acoge las demandas. El día 6 de mayo de 1939 salen de Francia para México. El barco llega a Nueva York el 17 de mayo. Allí les esperan dos autobuses que les llevarán a la ciudad de México, a donde llegan, por fin, el 26 de mayo.

Poco tiempo después, en México, se casa con Elvira Gascón, con la que coincidió en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, de la que era profesora desde 1935, y en la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico, en la que colaboró como auxiliar técnico desde 1937. Tienen dos hijas: Guadalupe y Elvira. Son años duros, Roberto da clases en la Academia Hispano Mexicana, trabaja como arquitecto y funda la empresa TASA (Técnicos Asociados) junto con Octavio Botella, traduce textos del italiano, del francés, del inglés… Y pinta, pinta incansablemente. Entre 1942 y 1963 realiza numerosas exposiciones en México. En 1962 participa en la Conferencia por la Paz de Helsinky.

En 1965 viaja con su amigo Ernesto Mejía Sánchez a Nicaragua, se detienen en Chiapas. Su hija Elvira rememora: “Roberto recibe agradecido esa inudación de luz, de color. Por unos instantes recupera el entusiasmo de la juventud. Redescubre en San Cristobal un atrio que, con trazos impresionistas, ya había imaginado; retrata a unos indigenas vigilados por una rosa; descubre un chamula con ojos claros. Roberto respira hondo, aliviado. Su firma se estampa con soltura, con alegría. Por última vez. Son sus últimos cuadros. Su corazón se detiene el 23 de Febrero de 1966”.

Por el centenario de su nacimiento se celebró en el Museo del Palacio de Bellas Artes de México una gran exposición homenaje de su obra, con obras de juventud de la colecciòn de su hija Elvira y otras obras realizadas en Mèxico durante el exilio. Ese mismo año se hace una Exposición en Madrid con obras de su etapa joven que permanecían en Madrid. En el año 2000 tiene lugar en México la exposición “60 años de Exilio Español” con la obra de Roberto Fernández Balbuena en lugar destacado. En este momento, en el Museo Reina Sofía trabajan para preparar otra.

“A mi padre -recuerda Elvira- le gustaba pintar con unas galletas saladas untadas con paté y un caballito de tequila a su alcance, o con una toronja sacadita en gajos y bañada en  ron, que le gustaba que yo le preparara, mientras escuchaba flamenco”. Decía que no le gustaba Manolo Caracol, y lo decía con su energía habitual, “¡No y no!; yo vengo de Juan Breva y paso por Don Antonio Chacón y me encuentro con la que consagra el cante que es La niña de los peines”. Roberto, “era intransigente con lo que no podía aceptar y era profundamente sincero, por lo que podía resultar terrible; él era colérico pero no tenía odio a nadie, sólo desprecio a algunos”, decía, recordándole, su amigo Juan José Arreola, escritor mexicano. Éste le dedica unos versos en el catálogo de una exposición homenaje:

Nada tiene que ver

que tú hayas muerto,

antes te costó sufrimiento

ver cómo el mundo se acabó

en el treinta y nueve

Pienso en su añoranza de España y en su seguro dolor por la ausencia y por la circunstancia que le tocó vivir, mientras veo sus cuadros. Pero nada hay de trágico ni de triste en su pintura. De su obra joven a su madurez hay una clara evolución pero sigue siendo el mismo pintor mirando el mundo de la misma manera. Nada de la negrura que reflejan las obras de otros artistas españoles exiliados de la época. Si acaso en su época mexicana hay algo de nostalgia. De nuevo cito a Arreola. “Roberto pintaba realmente gozoso y a veces llegaba del gozo al frenesí… A Roberto le gustaba que la luz besara cada una de las superficies del cuadro… Su paleta era realmente iridiscente: azules, verdes y morados que eran como cada una de las escamas de los tejos de luz de las alas de las mariposas…” Así son sus cuadros.

Hemos hablado de él durante horas mientras contemplábamos sus pinturas o repasábamos juntos una y otra vez una copia en DVD que le traje de parte de Katinka Gallego con las películas que hacía su hermano Félix, en las que se le puede ver.

Muchos han escrito sobre él y sobre su bonhomía. Modesto hasta la humildad, amigo de sus amigos, todos los que le recuerdan lo hacen entrañablemente. Señalan su sencillez, su generosidad y su cordialidad sin límites. Su casa era cada semana un lugar de reunión obligatoria. Su simpatía avasalladora y su vitalidad atraían amigos irresistiblemente. “Era un hombre bueno, uno de esos justos que lo reconcilian a uno con el género humano… Si te has ido del mundo visible, Balbuena amigo, queda de ti un recuerdo imperecedero” dice de él Jorge J. Crespo de la Serna.

Terminaré esta evocación con los versos que le dedicó Norma Basúa:

A Roberto Fernández-Balbuena:

Un hombre en la concavidad del aire,

en el olor después de la lluvia

cumple un mundo de imágenes y tierra

encadenado y al mismo tiempo libre

bajo la superficie del silencio.

A un paso la vida recia de piedra humedecida

o la muerte de arena seca y frágil a las huellas

corre para alcanzar la aurora

y regresa sin pasos,

mira su propia respiración;

siente de pronto que debe alzar los brazos

al espacio cóncavo de la ira.

Un hombre SÍ,

de nuestro tiempo.

Cobarde para apresar la vida

y prometeico.

Ve la luz lo convexo de la libertad

la difracción de lo eterno

lo sutil hacia adentro de su esfera

lo terrestre a la espera del agua.

Espero que os guste compartir conmigo este momento tan especial.

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/05.pdf

http://books.google.com.mx/books?id=MF8dFEZ04VUC&pg=PA61&lpg=PA61&dq=roberto+fern%C3%A1ndez+balbuena&source=web&ots=dkdQPvpmrp&sig=5c2p7LdYt1MwJETc-TSxl4XkY1M&hl=es&sa=X&oi=book_result&resnum=8&ct=result#PPA62,M1

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/03696141000381628539079/p0000018.htm

http://clio.rediris.es/exilio/prados.htm

http://www.google.com.mx/search?hl=es&q=roberto+fern%C3%A1ndez+balbuena&start=10&sa=N

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/45700621093425095465679/p0000001.htm

http://www.nodo50.org/foroporlamemoria/agenda_fm/2004/arquitectos_29102004.htm

http://www.mviv.es/es/index.php?option=com_content&task=view&id=877&Itemid=178

http://www.rojoyazul.net/civilis/cultura/salvamento_tesoro.htm

http://www.ub.es/ceha-2008/pdfs/09-m02-s02-com_32-mdi.pdf

http://www.seacex.es/documentos/roma_06_arquitectos.pdf

http://enciclopedia.us.es/index.php/Exilio_espa%C3%B1ol_en_M%C3%A9xico

http://www.elpais.com/articulo/cultura/ESPAnA/MUSEO_DEL_PRADO/GUERRA_CIVIL_ESPAnOLA/elpepicul/19900301elpepicul_1/Tes/

http://www.museodelprado.es/index.php?id=768

http://www.artnet.de/Artists/LotDetailPage.aspx?lot_id=7ECAA45B0EA9700F

Pregón de las fiestas del Carmen y Carmín de Pola de Siero del año 1985

Encantadora Reina de las Fiestas, dignísimas autoridades, queridísimos polesos:

Quiero, en primer lugar, agradecer esta oportunidad que me habéis dado de estar hoy en La Pola, entre todos vosotros pregonando estas maravillosas fiestas, a la Sociedad de Festejos y, en particular, a su Presidente Jenaro Soto quien, a pesar de las dificultades y haciendo gala del más profundo polesismo, lucha a diario por La Pola y por sus cosas, uniendo su esfuerzo al de tantos que, robando tiempo a sus muchos quehaceres, han contribuido de forma decisiva a conservar nuestras tradiciones, a acrecentar nuestro acervo común y mantener así, cada vez más vivo y pujante, ese carácter único de nuestra querida villa; recuerdo aquí, sin pretender ser exhaustivo, a Dionisio Villa, Tino Quirós, César Díaz, el añorado Casimiro Argüelles, Juan Castañón, los célebres Claudio y Pastelillo, y tantos más.

Muchos de mis ilustres antecesores en la función de pregoneros, llevados sin duda por su modestia, han referido las condiciones en que fueron: unas veces convencidos, otras persuadidos, algunas casi extorsionados para ocupar esta tribuna, desde la que hoy tengo el honor de hablaros, calificando el resultado de “embarque”. No ha sido realmente mi caso. La verdad es que yo he sido un candidato facilón. Fue tal la ilusión que me hizo la invitación que lo último que por mi cabeza habría pasado hubiera sido decir que no. Aunque para mí, debo confesarlo, teneros entretenidos unos minutos resulta un reto bastante complicado. Todos sabéis que mi fuerte no son precisamente las letras, pienso, por ello, que mi único bagaje para estar hoy aquí es mi condición de poleso, de la que tan orgulloso me siento, y un solo calificativo que añadir: soy un poleso ausente. ¡Cuánto se siente La Pola desde lejos! ¡Cómo se disfruta de vuestra inigualable forma de ser, de vuestro cariño, de vuestra alegría de vivir, de vuestro sentido de la amistad cuando uno puede pasar unos días o unas horas con vosotros! Más de una vez, charlando frente a una “prubina” o “unes botelles” de sidra en Casa Fidel o Casa Nemesio, en La Petaca o en El Jardín, he oído eso de: «Gustavo, lo que pasa es que los que no estáis aquí no veis más que lo bueno; les coses son un poco de otra manera…» Mirad, es verdad que la añoranza de lo entrañable, a veces, puede cegar un poco la razón; pero también es cierto que la distancia añade objetividad a la visión que uno tiene de las cosas. Ved lo que ocurre con tantos forasteros que vienen a La Pola, muchos de los cuales nos acompañan hoy, a los que hemos enganchado para siempre; aquí no puede jugar la añoranza y el resultado es el mismo. Yo tengo el ejemplo en mi casa: mi padre era leonés, y mi madre madrileña. Como muchos sabéis, llegaron a La Pola en el año 1943, cuando mi padre ganó una plaza de inspector veterinario titular; yo creo que él vino a tomar posesión con una intención poco definida de asentarse aquí, y ya veis lo qué pasó: apenas volvió a salir de La Pola; y cuando lo hizo, nunca por más de una semana.

Entonces ¿qué es lo que tiene La Pola? ¿Por qué luce legítimamente ese título de Capital de Asturianía? ¡Hombre!, yo no me atrevo a decir que Asturias empieza en el “Cantu Cortijo” y termina en “La venta la Uña”; ni tampoco que de Ribadesella para allá es Santander, de Grado para allá Galicia y que Mieres ya es Castilla. Pero ese corazón de Asturias que es el Concejo de Siero, siempre girando desde su origen en torno a su mercado semanal, aunque participó en todos los grandes cambios históricos del Principado, consiguió que las graves convulsiones vividas no llegaran a alterar su esencia. Aquí hubo emigración; desde el principio de la revolución industrial se extrajo carbón en El Carbayín; Lugones fue pionero del desarrollo industrial de Asturias; pero nada de esto cambió nuestro modo de vida, como pudo ocurrir en Langreo, en Gijón o en Avilés. Nosotros somos más fieles a nuestros orígenes.

Siempre ha llamado la atención de geógrafos e historiadores, desde la antigüedad clásica, la existencia de rasgos claramente matriarcales en nuestra forma de organización social. En la época de la romanización nos refiere Estrabón como la mujer astur, dotada de gran fortaleza física, trabajaba habitualmente en el campo; y que llegaba hasta a dar a luz en plena faena y sin dejar el trabajo, lavaba al niño en un arroyo cercano, lo fajaba, lo cargaba a sus espaldas y continuaba trabajando. También está demostrado que era el varón a quien en los matrimonios incumbía aportar una dote, de lo que puede deducirse que la verdadera propietaria de los bienes familiares era la mujer y no el marido. También era relevante el papel de las hermanas en el seno de la familia astur pues a ellas incumbía el papel de buscar esposa adecuada para sus hermanos. Los hombres se dedicaban a la guerra y a la caza, mientras ellas atendían la agricultura, la ganadería y la manufactura doméstica de tejidos y de objetos de cerámica. Ya hablaba Juán Ovín, en su pregón, de este carácter matriarcal refiriéndose a la costumbre, tan arraigada aún hoy entre nosotros, de conocer a los hombres por su nombre de pila seguido del nombre de sus madres, como el caso de “Pin de la Chita”, Gerardo “de la Chela”, “Pepín de Juana Marón” y tantos otros. Por otro lado, ¿queréis un ejemplo mejor del papel de las hermanas en la familia asturiana que el de las hermanas de Raimundo “el Chato”?

Yo recuerdo una canción que aprendí de muy pequeño y que me hacían cantar de niño en casa para regocijo de las visitas – imaginaos la escena – cuya letra es ilustrativa hasta la caricatura de ese matriarcado al que me refiero:

 

De una fartura cereces púsose Ramón muy malu

y la muyer, con gran pena, puso al fiu pa cuidalu.

Cuida fiu de tu padre y dai estes medecines,

mientras yo voy a la huerta a plantar unes colines.

Al pocu ratu salió el fiu llamando a madre:

¿Qué pasa fíu, qué pasa? Nada, ¡qué morrió mi padre!

¡Joaús, qué sustu me diste, grandísimu mentecatu!

¡Yo bien creí que estaría la vaca mamando al xatu!

Púsime a enterralu n´él cajón de la cocina,

Púsime a llorar por él: ¡Dubi reventar de risa!

La verdad es que mientras las mujeres polesas tienen atendida la casa y la hacienda, los hombres, que antes se dedicaban a la caza y a la guerra, tienen, ahora, toda su energía concentrada en trabajar y hacer negocios, sabedores de que pueden arriesgar, pues si tiene algún problema de tesorería, o como se dice ahora: alguna tensión de liquidez, en cuanto los vean preocupados, la mujer les dirá: “¿Cuánto ye lo que te haz falta?” Bien sabéis que es así como se han asentado los éxitos de muchos de nuestros grandes empresarios polesos, con una mujer detrás tapando todos los posibles agujeros trabajando incansablemente.

Yo, como “fíu de vetrinario”, tengo, necesariamente, que referirme a esas mujeres extraordinarias que fui conociendo de pequeño: en el matadero municipal y en el mercado de La Pola. Recuerdo ir, de muy niño, con mi padre al matadero por la “caleyina” que salía frente a la Plaza Cubierta y que rodeando el antiguo cauce del arroyo “Teresona” – donde tenía la huerta Celestino “el Carboneru”, el “güelu” de mi amigo Tino “el Carbo”, que tan orgullosamente conserva el mote – pasaba al lado del matadero de Basilio, subía por la linde de la finca de Nachón y desembocaba a la altura de la casa de Valentín “el Gocheru”, frente al mismo matadero. Allí, junto a hombres que recuerdo, como Pepe “el Mancu”, Marcelo, Mario, “Jandro”, “Mela”, “Falo”, Gabino, Marcos, Olay, “Vene”, Nacho, Avelino, “Pele”, “Pepé”, José “el Chichu”, “el Changa”… se podían ver unas cuantas mujeres que les dejaban atrás en capacidad de trabajo, como María “del Pitu”, sus hijas Aurelia y Rosario, Carmina la del Chorro y su hermana Pili; Ana, también Conchita, Emilia, Pilarina “la Garbosa”, Neli, Domitila y Delfina, las hermanas del Chato…

También recuerdo ir los martes a la compra, de la mano de mi madre, atravesando despacio la Plaza Cubierta viendo allí la enorme labor de las mujeres polesas. Luego, pasábamos por delante de “El Cero”, de “El Chico”, de “Casa Belarma” – al lado de un paisano que vendía garabatos -, y llegábamos a la plaza de “Les Cebolles”, en donde te recibía la Chucha, que siempre tenía una palabra cariñosa para todos los niños que por allí apareciamos y alguna pieza de fruta especialmente seleccionada que te obsequiaba ¡Cómo la echo de menos hoy! Mucho me hubiera “prestao” tenerla aquí escuchando este pregón. La verdad es que Mary Carmen sigue allí, manteniendo la tradición, en el mismo sitio, que ya es suyo. El otro día aparqué el coche allí, delante del puesto, y le pregunte si no estorbaría y ella me dijo: “Desde la pared, hasta la carretera, salvo los Martes, esto ye todo nuestro”. Y digo que sigue con la tradición porque si aparezco por allí con mis hijos siempre se van con el botín del mejor “piescu”, la mejor naranja, o la fruta que toque, según la estación, como había su madre cuando iba yo por allí de la mano de mi madre. Siguiendo un poco más al fondo, era parada obligada el puesto de Candela, la del Rebollal, la madre de Conchita, la mujer de Juacu Río, madre de mi amiga Toni y suegra de mi amigo José Pablo Presa, si querías conseguir alguna verdura de las que los asturianos no éramos muy consumidores y que mi madre, madrileña, solía utilizar: escarolas, rabanitos o remolacha, entre otras. También de allí solía salir con alguna pieza de fruta de regalo.

Buscando documentación para este pregón encontré un escrito corto del genial Rufino Campal II, que me ha servido de inspiración y que, sin haberle pedido permiso, y abusando también de todos vosotros he ampliado y puesto en verso, bueno en “ripios” más que versos, con mis recuerdos de infancia sobre un martes en La Pola:

 

Si vas a La Pola un martes están tós los del Conceyu,

vuélveste llocu de ver tanta xente por el pueblu.

Paseeme un pocoñín por donde está´l mercau vieyu

Y atopeme con La Guaxa, la más popular del pueblu;

voceaba: ¡La Región. Un hombre atropella un tren!

Trai un p´acá Pacitina que quiero entérame bien.

Pude ver a un charlatán que vendía con graceju

Mientras unos paisaninos escuchaben muy atentos

Y un poco más p´allá vi a Agustín “el Paragueru”

arrodiau por mucha xente, trabayando con esmeru.

Vendía trapos Hortensia y también Delfina, y Luisa;

¡hay que ver qué bien atienden, non paez que tengan prisa!

Y también taba “La Chucha” con su gran puestu fruteru

¡Qué arte tien esa muyer: eso sí que ye salero!

La Churrina, Adela y Luci también lo vendíen bueno

¡Non se quedaben atrás dentro del gremiu frutero!

Y Candela…: ye especial…, si lo que quies ye escarola

non lo tienes que dudar tien la mejor en´a Pola.

Y en la placina de al lao, onde facen les comedies

taben un al lau del otru, to´s los puestos de madreñes.

Fui p´a la Plaza Cubierta, y unes cuántes paisanines

taben, bajo la visera, vendiendo to´es gallines.

Acerquéme a una y dixei: ¿a cómo tién el coneju?

ella dixome: ¡baratú!, ¡ye el mejor de to´l Conceyu!

Aprovéchate ahora neñu, que enseguida va a subir

que la semana que vien son les fiestes del Carmín.

Entré p´a dentro y oí: ¡compráimelo que ye fresco!

era Adela la Barrila que gritaba desde el puestu

y Elvira la pescadera también gritaba sin cuentu:

¡muyeres qué tengo hombres!: ¡son los hombrinos más frescos!

Un poquitín más p´allá, metiéndote más p´á dientro,

notabes aquél olor… y quedabes sin alientu:

¡eso sí que ye Cabrales, auténtico, del mejor!;

tienlo Gina la de Cueva y véndelo al por mayor.

Y en medio de to´a la Plaza, debaxo de la farola,

taba María del Pitu, con el pan en´a macona;

paré por allí y me dixo: esti bollín ye p´a ti,

¡a ver si engordes un poco, qué estás delgau Gustavín!

Metiéndote más p´allá taben vendiendo la carne,

los chorizos, les morcielles, el tocino, les moscancies…

Taba todo limpio y fresco, la carne paez coral,

¡cómo brillen les morcielles!, los mandiles paecen cal;

Pero si faes un concursu entre tantu delantal,

seguro que hay un empate: ¡llévenlu toes igual!

Taba allí Pilar la Pinta, y también les de Nicieza,

taba Emilia la del Roxu y Lucinda la Torera,

Amparo, Concha y Felisa, les fies de Pepe Cueva,

Conchita la de Cartucho y también les de Cantera.

Y saliendo de la Plaza, diendo p´a Casa Fidel :

¡unes sardines salones que n´l mundo no les ves!

Carmina Moños y Elvira, les Chinites, la de Ortea

Y p´a completar la cosa: Concha, Manola y la Ferma.

Y casi en el mismu sitiu ta Esperanza la Negrita

Vendiendo unos pastelinos: ¡de los neños la delicia!

Amigos, ya podéis ver quen´l mercau de La Pola

Cualquier cosa que queráis, encuéntrase sin demora.

He oído muchas veces que la única condición que necesitan los hijos para dar de sí lo que llevan dentro es que se sientan seguros, que se sientan queridos. Como decía Oscar Rayón, un buen asturiano y mejor amigo: “a los hijos no hay que educarlos, a los hijos hay que quererlos”. Pues bien, yo quiero aquí, ahora, resaltar la labor colectiva de La Pola como madre de todos los polesos. ¿Por qué hay aquí tanto ingenio? ¿Por qué tanta gente polesa consigue desarrollar sus capacidades, las que sean, hasta límites tan altos? Porque en La Pola te sientes querido, porque si sirves para algo todo el mundo te jalea; aquí puedes notar el aliento de todos dándote ánimos y… claro, cuando subes un peldaño en tu carrera siempre piensas en el alegrón que les vas a dar a tu gente de La Pola. Estuve charlando sobre esto y sobre otras cosas que quería decir en este pregón con nuestro insigne polígrafo poleso, el querido y siempre joven Pepe Domínguez que tanto me ha ayudado a escribir este pregón, y a los pocos días me obsequió con estos versos que recogen las ideas que manejamos en nuestra conversación, que tengo el honor de leeros como estreno mundial:

 

OFRENDA A GUSTAVO MATA:

un polesu niversal que tien a su madre fata.

¿Qué voy a decir de la Pola que no se haya dicho ya?

¿Qué voy a contar de La Pola y que suene a novedá?

Sin embargo, por querela, ya no puedo callar más,

porque querer a La Pola ye cosa muy natural

que´ i diga, como a una madre, algo que quiera escuchar:

Ye La Pola muy moderna y al tiempu tradicional

No hay más que vela: ¡miráila!: ¡qué guapa y qué bien plantá!

En el corazón de Asturias; corazón ella a la par;

con siete siglos a cuestes. ¿Siete siglos? ¡Total ná!

La Pola como les madres non ye vieya, tien edá.

La Pola pa los polesos ye la madre natural

con los brazos siempre abiertos, y abiertos de par en par,

desde la Venta la Uña hasta allá: la Soledá

y al que hasta ellos se llegue ya no lu vuelve a soltar.

¡Qué madraza ye La Pola! Y cómo mira embobá

a los sus fíos: ¡tan guapos! ¡¡y tan listos!!…la verdá:

ye que no hay polesu fatu; faltosín, todo lo más;

pero ya se encarga ella de facelu espabilar.

¿Y les fíes? Por ser suyes son guapes, ye natural,

y simpátiques y limpies y emprendedores al par.

¡¡Con una voz cuando canten!!: el escuchales ye igual

que si en la gloria estuvieres ¡o puede que un poco más!

Cómo sabe disculpar si algún polesu fracasa: ¡Non van todos a triunfar!

Y ye con el que se vuelca, ¡pues no faltaría más!

¡¡Ay qué madre ye La Pola!! ¡¡Ay qué madre sin igual!!

¡¡Ay, La Pola!! ¡¡Madre Pola!! Ya no puedo decir más

(Ya no haz falta decir más).

Quiero recordar ahora y aquí a mis amigos de la infancia, a la generación que creció conmigo y que, sin duda, se sienten apoyados en sus afanes como hijos de La Pola. A José Pablo, Patricio, Chefermo; a los Peña y a los de Riaño; a Monchu Somonte, Manolito Chantada y a todos los hijos de Leandro y Angelita. A Tino “el Carbo”, a “Mimí” y “al Chichu”; a los de Villa, los de Riestra, Antuña, “el Cholla”, Ardines, Alberto Polado y “el Changa”. También a Fredy “el Peñeru”, y César, su hermano, a Pepín Noval y su primo Manolo, y a Cesarín el de Trabanco. Y todos los demás que están en mi recuerdo. Así como algunas niñas, hoy mujeres, como Maita, mi vecinina, María Dolores Vallina, Ana María Mori, Lina, María Dolores “la de Carlones”, la Nena de Uría, Conchitina Somonte, Amalina – su prima, la de la Villa, tía de nuestra bellísima y encantadora Reina de las Fiestas – que me gustaba un montón… y a la que todo lo que le decía resultaba contraproducente: decía ella que yo era un poco «empalagosu». De Ana Rosa, y sus primas: Alicina y Alicia, y Mary y Merche las de Pepe Vigil Escalera -a algunas de ellas me tocó «yendar» en las verbenas del Carmín por encargo de su tía Mary Lola, por tener yo cierta fama de formal. Y de todas las demás que llevo en mi corazón.

También quiero daros las gracias por el cariño y las atenciones con las que siempre tenéis rodada a mi madre y por lo mucho que recordáis a mi padre.

Y un especial recuerdo a Felipe Domínguez, al que tanto echo de menos Hoy, como decíamos, era mi hermano de sangre, de resultas de un choque de cabezas del que los dos salimos sangrando como “coríos”, en una merienda de cumpleaños.

Pero… a todo esto, estoy olvidando lo principal. Yo vine hoy aquí a pregonar una fiesta maravillosa: la fiesta del Carmín. Permitidme que para eso vuelva a usar del arte de Pepín Domínguez. Él, en una de sus estampas asturianas, pone en boca de dos sus personajes, Flora y Pin, ésta emocionada descripción del Carmín de La Pola. Cuando Flora habla de irse ya del prau de la romería, el hombre, Pin, lógicamente no está de acuerdo, entonces ella le dice irónica:

“-Home, si te paez. Quedámonos atrocando el sitiu p´al añu que vien.

-Pues mira, no está mal pensao, porque va a llegar el día que pa entrar en el prau de la Romería va a necesitase invitación. Arrepara Flora, media Asturias ta aquí y no ves una riña, ni una mala cara. Vienen a divertirse, a bailar y cantar, a matar les penes (bueno, algunos afuéguenles con sidra). Y ye que al entrar aquí la gente vuélvese tan buena, tan buena, que pa que esto se paeciese del to a la Gloria, no i falta más a la gente que un par de aliquines. De aquí no salimos hasta ver la danza prima, la danza más guapa y señorosa. ¡Que vengan a La Pola esos que se yos llena la boca de coses rares, pa que vean danzando juntos hombres y muyeres, jóvenes y viejos, ricos y probes, guapos y feos. Toda Asturias ta cogía de la mano, Cantando mientras dancen.

-Chacho, dejásteme plasmada. Nunca supe que teníes tanta labia. ¿De dónde salió tó eso, Pin?
-¿De dónde va a salime, Florina? ¡De dónde va a salime! De dónde salen les coses que lleguen más adientro?.. Escucha?.. ¡Ya se oyen cantar!.. ¿Óyeslos?

¡Hay un galán de esta villa! ¡¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!!”

Gustavo Mata Fernández- Balbuena

Pola de Siero, 15 de Julio de 1985

MI FELICIDAD SE ACRECIENTA: TENGO UN NUEVO NIETO.

Ayer nació  mi quinto nieto, Daniel. Él y su madre están muy bien.

Quiero compartir con vosotros este extarordinario  motivo de alegría.

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