Como siempre, a partir de la 16:25, en la tertulia de Cierre de Mercados, el programa de Susana Criado.
Como siempre, a partir de la 16:25, en la tertulia de Cierre de Mercados, el programa de Susana Criado.
Dicen algunos – como por ejemplo el Comisario Joaquín Almunia, aunque no es el único, también lo dice, entre otros muchos, Isidre Fainé presidente de La Caixa – que la causa última de la crisis en la que estamos empantanados es la ambición; la razón por la que nos pasa lo que nos está pasando, dicen, es la codicia humana.
Hagamos la preceptiva vista al diccionario de la RAE para aclarar significados: ambición: deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama; codicia: afán excesivo de riquezas; deseo vehemente de algunas cosas buenas.
Todo lo que pasa, el desarrollo y la crisis, tienen esas causas últimas: la ambición y codicia. Sin afán por mejorar, sin ambición, sin codicia no hay progreso ni tampoco habría crisis; estaríamos en la crisis permanente de la inacción.
Sinceramente no veo nada intrínsecamente malo en la ambición ni en la codicia. ¿No habíamos quedado en que la búsqueda del beneficio individual llevaba a todos a las mayores cotas de bienestar colectivo? ¿No era esa la mano invisible de Adam Smith, que gobernaba más sabiamente que ningún dirigente el mundo y la economía?
Lo que ha ocurrido es que los partidarios de la libertad sin límites han pensado que el ejercicio de la libertad era posible sin un marco regulatorio que obligase a todos a respetar unas reglas comunes. No han sido unos ingenuos bienintencionados los que lo promovieron; sabían bien lo que hacían; trataban de moverse en la frontera de la legalidad, del lado de fuera, aprovechándose de la llamada auto regulación.
Ha habido demasiado neoliberalismo dogmático y demasiada intoxicación programada con el eslogan: el estado es el problema y no la solución. Estos neoliberales dogmáticos les han hecho el caldo gordo a los cínicos de siempre, a los que la única libertad que les interesa es la propia. Éstos, más que libres, prefieren sentirse impunes para poder abusar de los demás sin riesgo, mientras encargan a algún ideólogo barato que tenga entretenida a la multitud con su discurso sobre la bondad de la libertad sin trabas.
La asunción de riesgos excesivos, la gestión inadecuada de los bancos proponiendo nuevos instrumentos – que más que de ingeniería financiera eran de juzgado de guardia, o sea auténticas estafas -, la falta de control público en los mercados financieros, la ingenuidad o la desvergüenza de pensar que la auto regulación era suficiente, cuando era evidente que se estaba consintiendo que los desaprensivos se apropiaran de la riqueza de los demás, explotando su deseo de ganar más que el resto, etc.; esas son las causas.
La verdadera causa de cómo estamos no es la ambición ni la codicia, sino la insensatez de muchos, la golfería de algunos y la candidez de la mayoría.
Ahora toca arreglar el desaguisado cósmico echando mano del denostado estado y de su intervención.
Sí, el mercado libre asigna bien los recursos, pero para que ese mercado pueda funcionar hace falta un marco regulatorio claro con un poder coercitivo que garantice que todos respetan las reglas. Eso pensamos los liberales; los verdaderos liberales; los que amamos la libertad de otros, para discrepar de lo que pensamos nosotros, más aun que nuestra propia libertad, para discrepar de lo que dicen ellos.
El mercado asigna bien los recursos, mejor que ningún otro mecanismo, pero no soluciona todos los problemas; disminuye la pobreza, pero incrementa la desigualdad hasta la obscenidad; explota eficientemente los recursos, pero sin pensar en los efectos perversos a largo plazo, que ya están degradando irreversiblemente el planeta; y mantiene fuera del sistema a miles de millones de seres humanos en el límite entre la pobreza extrema y la supervivencia.
Esperemos que este fin de semana los líderes europeos hayan convencido al imperio, y a los demás países, de sus tesis a favor de una mayor regulación y control de los mercados financieros, de su posición a favor del comercio internacional sin cortapisas proteccionistas, y que de verdad para atajar la crisis se haga un gran plan de inversión pública mundial que anime a la deprimida economía de libre mercado.
George W. Bush es, a juicio de la mayor parte de los analistas, el peor presidente de Estados Unidos y eso que los ha habido paradigmáticos por su ineptitud como Gerald Ford, del que se dijo en su tiempo que no era capaz de hacer más de una cosa al tiempo; por ejemplo, se decía que era incapaz de andar y mascar chicle al tiempo; Ford se caía de sus pies cada dos por tres por problemas evidentes de coordinación motora.
Tampoco es que la serie de presidentes sea una acumulación de talento extraordinaria: hay de todo. Helen Thomas, una institución como cronista de la Casa Blanca, que estuvo durante más de cincuenta años en la primera fila de las ruedas de prensa del presidente, contestó a una persona que le preguntó el porqué de su expresión triste después de una rueda de prensa de Bush: «es que debo cubrir al peor presidente de la historia de Estados Unidos».
Un estudio reciente entre historiadores organizada por la Histoy News Network mostró que el 61% pensaba que Bush había sido el peor presidente de los cuarenta y tres que ha habido. Es un ser simple, por no llamarlo de otra manera, de una mediocridad intelectual patente, capaz de numeritos como el de la galleta con la que se atragantó en su rancho hasta desmayarse, o de estar un buen rato mirando atentamente a un cuento para niños que estaba del revés, mientras le grababan con una niña en brazos, a la que le estaba contando, presuntamente, el cuento. De estas anécdotas hay muchas.
Pues bien, nuestro ínclito e inefable ex Presidente Aznar dice de él, en un artículo publicado hoy por el diario francés Le Figaro , que «la historia hará justicia». Ahora, en la hora del adiós, le «parece honesto reconocer que George W. Bush ha trazado la vía que debemos seguir» en el futuro. «Nos ha transmitido su mejor herencia: la herencia de la libertad»; «su determinación y su visión han sido fundamentales» para combatir la «tiranía y la barbarie”.
En fin, como siempre, para cualquier tema hay opiniones diversas. A mí Bush me ha parecido un horror como presidente. Pero viva la libertad de opinión y de expresión; me encanta que Aznar piense lo contrario de lo que pienso yo.
Como consecuencia de la crisis financiera la recesión ha llegado a las economías de los países de la OCDE. Se prevé para el año próximo una caída del 0,3% en el área. Estados Unidos, decrecerá el 0,9% durante el próximo ejercicio, y la Eurozona el 0,5%. Pero la recesión, dicen, puede transformarse en depresión si sigue el colapso del crédito a las empresas y familias. Veremos qué sale de la reunión del G-20. La recesión, probablemente, como todas, será duradera.
¿Y en España qué? ¿Será la crisis mayor y más larga que en los demás países desarrollados, como pronostican todos? Dicen que nuestra economía necesita una reconversión fuerte; que nuestro modelo de crecimiento estaba basado en el ladrillo; que falta mejorar nuestra productividad; que nuestro déficit exterior es tremendo; que la productividad española no crece. Y es verdad. Pero le vamos a dar la vuelta a todas las variables negativas a gran velocidad; ya lo estamos haciendo. Los agoreros se olvidan de nuestra, hasta hace nada, pujante demanda interna, que se puede volver a levantar a poco que la situación mejore; y se olvidan también de que hay una tremenda demanda latente de viviendas capaz de absorber el gran exceso de oferta, en cuanto se ajusten los precios de los inmuebles y se vuelva a abrir el crédito a tipos más razonables -en los que ya estamos – aunque no se concedan créditos a tan largo plazo como los que se venían concediendo –hasta a cincuenta años se han dado- . En España hay aún mucha gente sin vivienda propia y mucha gente que demandará una segunda vivienda en cuenta tenga una opción de comprarla. Hay también muchos jubilados europeos que adoran nuestro sol y ansían tener una vivienda para envejecer en la costa española beneficiándose de nuestra excelente red asistencial de salud pública y de nuestra manera de vivir. Siguen llegando inmigrantes y lo seguirán haciendo pese a quien pese, de una u otra manera, y también con la crisis, porque estamos en la frontera con mayor desigualdad del mundo: la que hay entre una y otra orilla del Mediterráneo, y porque acogemos a los extranjeros mejor que nadie, como demuestra la historia reciente, y eso es un valor tremendo del que muchos no se dan cuenta. Por nuestra forma de ser y nuestros valores somos capaces de soportar mejor que otros países una tasa de paro del 15 %. No pasará nada grave pese a los que anuncian conflictos apocalípticos. Pese a las rigideces estructurales de nuestra economía, de las que todos hablan y que nadie se atreve, de momento, a corregir, por no lesionar intereses corporativos de colectivos favorecidos -que las llaman derechos adquiridos a los que no quieren renunciar-, España va a salir de la crisis al menos al tiempo que las demás economías europeas sino antes, como firmemente creo; sobre todo si los políticos aprovechan para hacer las reformas estructurales promoviendo el acuerdo entre los agentes sociales como se ha hecho en el pasado; sobre todo si los eficientes bancos españoles deciden renovar su apuesta por este dinámico país y se ponen al ataque; y, sobre todo, si entre todos nos creemos lo que somos, una nación que mira al futuro con optimismo, pese a los agoreros de siempre que una vez tras otra hacen previsiones sobre España que siempre fallan, porque España va siempre mejor de lo que todos prevén.
En España somos capaces de trabajar muy duro, desde siempre, y tenemos una generación mucho mejor preparada que las anteriores; más allá de que el sistema educativo sea perfectible, cada vez hay más gente preparada y mejor preparada. Los inmigrantes no son sólo mano de obra sin cualificar, uno de cada cuatro es un emprendedor y todos tienen una gran ambición de mejorar.
Más allá de las circunstancias objetivas y pese a quien pese, que diría D. Marcelino Menéndez-Pelayo, tenemos ventajas competitivas difíciles de copiar. Estoy seguro, porque en toda mi ya larga vida siempre ha sido así, que España va a tener otro milagro económico más a la salida de esta crisis. Lo veréis. ¡Preparaos!
No vamos a salir mañana. Nos queda un trecho largo y duro de crisis por pasar, pero saldremos antes que todos esos que pronostican lo contrario.
En el tercer trimestre Alemania entró en recesión -definida técnicamente como dos trimestres consecutivos contrayéndose- tras decrecer un 0,5% en el trimestre pasado y un 0,4% en el anterior. Con toda probabilidad también tendrá un cuarto trimestre con decrecimiento. También Italia entró en recesión tras decrecer un 0,5% en el tercer trimestre y un 0,3% entre abril y junio. Mientras Francia creció sólo un 0,14% pero evita entra en recesión tras el retroceso del 0,3% registrado en el segundo trimestre.
España entra en números rojos por primera vez en quince años y decrece el 0,2% por la atonía de la demanda interna -consumo e inversión- pese a la aportación positiva – por fin- del sector exterior.
La situación en Japón y en Norteamérica es igualmente grave y los países emergentes –Brasil, México, Rusia, etc.- también están en plena desaceleración de su crecimiento sino en decrecimiento.
Los líderes de las mayores economías del mundo se reúnen hoy en Washington en busca de soluciones para una crisis que se extiende y que afecta gravemente a sus economías que han empezado a decrecer o que ya están en plena recesión. ¡A ver qué deciden!
En un par de cortas sesiones y liderados por un amortizado Bush no creo que puedan ir más allá de acordar una agenda de temas a tratar después.
Bush ensalza ahora, en sus últimas declaraciones, las virtudes del libre mercado, después de haber dejado que éste se desbocara por falta de regulación eficaz en su país contagiando al mundo en la peor crisis que se recuerda. Yo creo, como Bush, que el libre mercado asigna bien los recursos, pero también creo que necesita regulación eficaz – lo que él deliberadamente descuidó pensando en que se auto regularía – y medidas para corregir los excesos que genera – por ejemplo mayores impuestos a los más ricos para cubrir las necesidades elementales de los más pobres cosa en la que él no cree -. Pero, en cualquier caso Bush haría bien ahora en callarse. Yo le daría el consejo del chiste del pajarito que se hiela inexorablemente en la tundra, en medio de una enorme nevada, que ya le cubre, y que, cuando está a punto de morir congelado, se salva gracias a que un gran animal hace sus necesidades mayores casualmente encima de él; el pajarito revive con el calor y se anima tanto que comienza a cantar, lo que hace que un zorro hambriento de fije en él y después de limpiarlo cuidadosamente en la nieve se lo coma. La historia tiene varias moralejas, primera: no siempre quien te cubre de m… te perjudica; segunda: no siempre que alguien te saca de la m… es para hacerte un favor; y tercera, que es la de aplicación para el ínclito Bush: cuando estés en la m… ¡no cantes!
Así que, George, a estas alturas: ¡por qué no te callas!
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